Por
desgracia, el vicio implícito en la palabra ha acabado por materializarse
representando a un tipo de persona con unas características personales y
sociales bien definidas, y que distan mucho de ser admirables. El mestizaje
charneguil, en vez de atesorar la riqueza de las dos culturas que confluyen en
él, ha producido personas desarraigadas, que no conservan las costumbres de su
tierra natal, ni tampoco interiorizan las costumbres y tradiciones de su tierra
de adopción.
Se
trata de personas desubicadas, desarraigadas, que no aman, y de hecho
maltratan, el suelo que pisan y cuyo mayor impulso vital es el poder y el
dinero.
Yo creo
que es su forma de vengarse por todo aquello que han tenido que dejar atrás y
todo aquello que han tenido que tragar de forma más o menos impuesta.
Y esta
situación, que se da con toda la inmigración del resto de España que inundó
Cataluña durante la época del desarrollismo franquista, creo que es
extrapolable a cualquier suburbio de las grandes ciudades como Paris o
Bruselas, grandes receptores de inmigrantes.
¿Pero
qué tiene que ver aquí el esnobismo con toda la problemática de la integración
del inmigrante en la sociedad receptora?
De
hecho, a mí me costaba entender el significado de la palabra «esnob» y por eso
os voy a hablar del día en que, por fin, logré entender su significado.
Obviamente, yo sabía que se refería a alguien que se las da de importante
cuando en realidad, su vida, sus actos y su influencia es prácticamente
irrelevante para la gente en general más allá de su círculo familiar cercano.
Sin embargo, no lograba interiorizar el significado de la palabra para poder
incorporarla a mi vocabulario habitual.
Hasta
que un día conocí a Bernat. Él era un padre de familia que vivía en el cinturón
industrial de Barcelona, hijo de inmigrantes andaluces y cuyo nombre en catalán
ya denotaba la intención de sus padres de buscar cierto estatus dentro de la
sociedad catalana.
Ciertamente,
lo que representaba Bernat era más bien una variante del esnobismo, que
podríamos llamar «esnobismo racial». La ecuación que funcionaba en su mente a
pleno rendimiento era: lo español (andaluz) = malo, lo catalán = bueno.
Solo
tenías que hablar con él para darte cuenta de cómo usaba la lengua para elevar
la autoridad de sus argumentos cuando notaba que estaba perdiendo el relato.
Pasaba del castellano al catalán para introducir un boost de autoridad y demostrar así que su razón era la de los
cultos, emprendedores y trabajadores miembros de la más distinguida sociedad
catalana.
Así
que, vemos como el «esnobismo racial» puede funcionar como otra forma de
reaccionar ante el hecho migratorio sentido en propias carnes. Se trataría en
este caso del «charnego esnob» también llamado a veces «charnego converso».
Este
tipo de personas se radicalizan en el nacionalismo catalán usándolo como
instrumento para alcanzar cierto estatus. Llevan a sus hijos a colegios
privados y les hablan de manera devocional en catalán apostatando de sus raíces
andaluzas, extremeñas o gallegas entre otras. Casi nunca visitan la tierra de
los abuelos, y cuando lo hacen, critican a sus gentes por holgazanes y desnortados,
buscando desesperadamente la supuesta nobleza catalana como antídoto para
olvidar la pobreza de dónde salieron.
Desgraciadamente,
por mucho que lo intenten, solo consiguen humillar los apellidos que lucen en
sus DNIs.
.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario