sábado, 6 de diciembre de 2025

ESNOBISMO RACIAL


La palabra «charnego» ha acompañado a Cataluña a lo largo de gran parte de su historia para señalar de forma despectiva al diferente, al que viene de fuera. Atendiendo a su significado, propiamente dicho, hace referencia al mestizaje entre catalanes/as y paisanos/as venidos del resto de España (uso actual) o de Francia (uso originario) y claramente resalta la degradación de la pureza racial que siempre viene asociada al mestizaje. Ya sabemos que todo nacionalismo es racista por definición. Así que, en el ideario nacionalista, los pobres charnegos se encuentran siempre en un estadio evolutivo inferior al catalán de pura cepa, el de los ocho apellidos.

Por desgracia, el vicio implícito en la palabra ha acabado por materializarse representando a un tipo de persona con unas características personales y sociales bien definidas, y que distan mucho de ser admirables. El mestizaje charneguil, en vez de atesorar la riqueza de las dos culturas que confluyen en él, ha producido personas desarraigadas, que no conservan las costumbres de su tierra natal, ni tampoco interiorizan las costumbres y tradiciones de su tierra de adopción.

Se trata de personas desubicadas, desarraigadas, que no aman, y de hecho maltratan, el suelo que pisan y cuyo mayor impulso vital es el poder y el dinero.

Yo creo que es su forma de vengarse por todo aquello que han tenido que dejar atrás y todo aquello que han tenido que tragar de forma más o menos impuesta.

Y esta situación, que se da con toda la inmigración del resto de España que inundó Cataluña durante la época del desarrollismo franquista, creo que es extrapolable a cualquier suburbio de las grandes ciudades como Paris o Bruselas, grandes receptores de inmigrantes.

¿Pero qué tiene que ver aquí el esnobismo con toda la problemática de la integración del inmigrante en la sociedad receptora?

De hecho, a mí me costaba entender el significado de la palabra «esnob» y por eso os voy a hablar del día en que, por fin, logré entender su significado. Obviamente, yo sabía que se refería a alguien que se las da de importante cuando en realidad, su vida, sus actos y su influencia es prácticamente irrelevante para la gente en general más allá de su círculo familiar cercano. Sin embargo, no lograba interiorizar el significado de la palabra para poder incorporarla a mi vocabulario habitual.

Hasta que un día conocí a Bernat. Él era un padre de familia que vivía en el cinturón industrial de Barcelona, hijo de inmigrantes andaluces y cuyo nombre en catalán ya denotaba la intención de sus padres de buscar cierto estatus dentro de la sociedad catalana.

Ciertamente, lo que representaba Bernat era más bien una variante del esnobismo, que podríamos llamar «esnobismo racial». La ecuación que funcionaba en su mente a pleno rendimiento era: lo español (andaluz) = malo, lo catalán = bueno.

Solo tenías que hablar con él para darte cuenta de cómo usaba la lengua para elevar la autoridad de sus argumentos cuando notaba que estaba perdiendo el relato. Pasaba del castellano al catalán para introducir un boost de autoridad y demostrar así que su razón era la de los cultos, emprendedores y trabajadores miembros de la más distinguida sociedad catalana.

Así que, vemos como el «esnobismo racial» puede funcionar como otra forma de reaccionar ante el hecho migratorio sentido en propias carnes. Se trataría en este caso del «charnego esnob» también llamado a veces «charnego converso».

Este tipo de personas se radicalizan en el nacionalismo catalán usándolo como instrumento para alcanzar cierto estatus. Llevan a sus hijos a colegios privados y les hablan de manera devocional en catalán apostatando de sus raíces andaluzas, extremeñas o gallegas entre otras. Casi nunca visitan la tierra de los abuelos, y cuando lo hacen, critican a sus gentes por holgazanes y desnortados, buscando desesperadamente la supuesta nobleza catalana como antídoto para olvidar la pobreza de dónde salieron.

Desgraciadamente, por mucho que lo intenten, solo consiguen humillar los apellidos que lucen en sus DNIs.



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