La vida es una larga lección de humildad. James Matthew Barrie (creador de Peter Pan). OMNI TIBI DABO. NON PLUS ULTRA.
martes, 28 de octubre de 2025
miércoles, 15 de octubre de 2025
TEXTO NEGRO
Negra es la noche, ese espacio de tiempo
donde todo el mundo duerme excepto yo. Negro es mi sueño de libertad en el que nadie
me juzga, nadie opina, no hay reputación y soy libre de ser quien quiera ser, sin
restricciones, ni imposiciones, ni límites. La noche me permite soñar sin cortapisas, me permite imaginar
proyectos e ilusiones, futuros impensables. Es como si el tiempo se detuviera creando
un paréntesis
temporal con licencia para hacer realidad todo aquello que el día prohíbe. Es
el tiempo sin tiempo, no hay reloj, todo está en calma, nada es urgente y la
soledad me permite recobrar el ánimo y la fuerza que se descargarán al alba. La
noche es el momento del cambio, de la metamorfosis, que se produce escondida de
las miradas críticas.
Mañana seré otra persona y nadie conocerá el
misterio. El negro representa lo complejo, lo enmarañado, lo denso, lo que cuenta una historia
llena de matices, llena de capas que se superponen con hechos sorprendentes, y
tremendamente rica en detalles. El negro nos permite dibujar claroscuros, juega
con la luz, crea sombras que cuentan otra historia diferente de la que está a la vista de todos. El negro se esconde
en los pliegues donde guarda sus tesoros, las perlas negras que solo están al alcance de aquellos valientes que no
temen a la oscuridad. El negro es misterioso, vela el presente, lo oculta, y en
él, todo es aceptado, incluso lo feo o lo dramático. El negro es madurez pura, es aprendizaje y
aceptación
sin fin de camino hacia la sabiduría. El negro es hermético, no desvela mi ser, no necesito
energía para vivir en
el negro, es frio, es
introvertido, no importa lo que piensen los demás si son valientes que caminan por la oscuridad.
El negro es fácil,
lo contiene todo, es todo potencial, es el principio y el fin, mientras la luz toma
partido, decide el presente, lo expresa y muestra los diferentes colores sometidos
al juicio de todos. La luz te delata, la luz hace amigos, pero también enemigos, la luz requiere energía y esfuerzo para vivir, la luz es alegría, pero también tristeza. El negro es más tranquilo, porque reconoce nuestra
insignificancia en la inmensidad del Universo y por eso nos hace humildes, pero
auténticos porque
no brillamos más
que las estrellas del firmamento nocturno. El negro nos hace pequeños y nos invita a escondernos para
protegernos del frío
con su manto protector que nos da cobijo mientras crecemos sin miedo en la
oscuridad.
miércoles, 27 de agosto de 2025
Dile, dale, dame,
digo y doy
que, si no me dices y das,
me voy.
Digo, dices, dice
pero toma y tome
si me das, le da, me da,
da, de, di do, du me.
Tomo, toma y tome,
moto, mato y meto,
tonto, totón, to.
Me di, le da, me da
las gracias por este mi poema
me mima.
sábado, 24 de agosto de 2024
SUMISIÓN
20 de Junio
Por fin he terminado mis exámenes de tercer curso del grado de Ingeniería Química, ¡qué ganas! Ha valido la pena el esfuerzo porque gracias a ese esfuerzo he podido sacarme el curso y ahora tengo todo el verano para tumbarme a la bartola, ir a la playa y salir con chicas.
Todavía tengo el cuerpo acostumbrado
a madrugar y a las 8 de la mañana ya ando como un zombi por casa sin saber qué
hacer.
El
calor empieza a enseñar sus abrasadoras garras y voy todo el día sin camiseta
empapado en sudor. Con la edad, odio cada vez más el verano por la incomodidad
corporal que supone estar todo el día sudando y sin poder descansar bien en las
tórridas noches.
Me dirigía a la cocina, a por otro
vaso de agua, cuando una leve brisa fresca cruzó el pasillo proveniente de una
ventana que hay en la fachada trasera del edificio. Esta ventana da a un gran
patio central conformado por otros 3 edificios que forman un cuadrado interior
donde la gente tiende la ropa y espía furtivamente al vecino de enfrente.
Yo vivía en un sexto piso y hacía ya
algún tiempo que había reparado en que la habitación de María, la hija de Pedro
y Rosario, daba a este patio central a la altura de un tercer piso.
Mi cuerpo se encaminó
instintivamente hacia esa fuente de frescor matutino y, al llegar al alfeizar
de la ventana, me balanceé apoyado en mi cintura, sacando el cuerpo hacia el
exterior para respirar una bocanada de aire fresco con ese olor tan
característico lleno de oxígeno en comparación con el ambiente cargado del interior.
El cielo azul intenso estaba tapizado con algunos cúmulos muy blancos que le
daban una especial luminosidad al día.
Y fue entonces, cuando al bajar la
mirada hacia el patio delimitado por las fachadas traseras de los 4 edificios,
la vi. La ventana de su habitación estaba abierta de par en par y ella estaba
de espaldas abrochándose el sujetador por detrás. Recibí inmediatamente un
latigazo hormonal que me erizó hasta los pelos del cogote y mi vista quedó
imantada, fija en aquella joven silueta. Se despertó en mí el instinto animal y
la lascivia tomó el control de mis actos poniéndome en estado de alerta para
ver sin ser visto, para poder robar la mayor porción de intimidad que me fuera
posible. Después de desaparecer unos instantes, María se acercó de nuevo a la
ventana abierta mientras luchaba con una camiseta de manga corta con el fin de
introducir la cabeza y los brazos por las aberturas de la misma. Y a
continuación cerró las 2 hojas de la ventana con resolución.
El reflejo del sol en los cristales de las ventanas del edificio de enfrente cegó por completo mi visión y dejó mi libido alteradísima, sedienta como un toxicómano en busca de su siguiente dosis.
23 de Junio
Desde que la vi detrás de aquella ventana, no he podido dejar de pensar en ella y mis noches se han convertido en una pujanza juvenil que es como una catarata retenida por una gran presa al máximo de su capacidad.
Cada mañana me asomo furtivamente a la ventana con el propósito de inmiscuirme en su vida cotidiana privada. Por el momento, lo único que he conseguido es verla pasar rápidamente en ropa interior por delante de su ventana abierta de par en par. Demasiado poco para mi hambrienta libido juvenil. En algún momento hasta he fantaseado con hacer las cosas bien y buscar un encuentro casual con ella para probar suerte y ver si quisiera salir conmigo.
A mediodía, he salido a comprar pan
y como si el destino quisiera martillear mi libido, me he encontrado con María
en la panadería vestida con una camiseta y unos shorts que resaltaban
graciosamente la silueta de su cuerpo juvenil. Me ha dirigido una sonrisa y un
comentario intranscendente sobre el calor que estaba haciendo ya… y yo me he
bloqueado, me he quedado como un pasmarote balbuceando una respuesta
ininteligible.
He
entrado en casa como un león rabioso subiéndome por las paredes y maldiciendo
mi poco arrojo con las mujeres. El anhelo de verla, de tocarla, de hablar con
ella iba creciendo en mí de forma casi patológica.
Esta
noche es la noche de San Juan. Entre el calor, los petardos y mis viajes cada
vez más frecuentes a la ventana del fondo del pasillo va a ser imposible
dormir. Este anhelo sexual irresoluto se está convirtiendo en una obsesión. Es
increíble darme cuenta como he caído en las garras de María, sin que ella
tuviera siquiera que pronunciar palabra. Está claro que los chicos de mi edad
somos presa fácil de la juventud y lozanía de las chicas adolescentes.
En la noche de San Juan, casi nadie
puede dormir hasta que no cesan los petardos. Si cierras las ventanas para
amortiguar el estruendo, te asas de calor y si abres, el petardeo incesante te
va crispando los nervios haciendo imposible conciliar mínimamente el sueño.
En un momento determinado de la
noche, al ir al lavabo para regarme el pecho con agua fría, sentí la necesidad
perentoria de acercarme una vez más a la ventana del fondo para espiar a María.
Lo hice sin mucha convicción pero al asomarme me resultó extraño ver las hojas
de su ventana abiertas de par en par y la luz de su habitación apagada. Yo
deseaba que San Juan hiciera realidad mis deseos y aquella chica apareciera en
su ventana en todo su esplendor, y de repente, pude distinguir su silueta
velada por la oscuridad de su habitación e iluminada fugazmente por los
fogonazos de los fuegos artificiales. Mis manos se aferraron ferozmente al marco
de mi ventana, casi conteniendo el impulso de saltar hacia mi vecina musa.
Agudicé la vista para poder distinguirla mejor y de repente el fogonazo de un
cohete iluminó toda la facha interior del edificio y vi el contorno de sus
pechos recortándose sobre la oscuridad de su habitación. Un torrente abrumador
de deseo sexual anegó todo mi cuerpo. Deseé tocarla, olerla, tenerla cerca de
mí para sentir la calidez de su joven cuerpo. Un, dos, tres y otro petardo
iluminó el cielo pero sin alcanzar la suficiente altura como para iluminar el
tercer piso de la fachada interior. ¡Mi deseo era insufrible! Por favor, lanzad
más cohetes, todo un castillo de fuegos artificiales si queréis, pero por favor
iluminad a esa niña que contempla distraída los fuegos de la noche de San Juan.
Y de
repente ¡boom!, una gran palmera tiñó de luz anaranjada todo el edificio que
tenía ante mi vista justo cuando daban las 12 de la noche. Mi ávido deseo
sexual confirmó fuera de sí que María únicamente portaba unas braguitas en
aquella tórrida noche de San Juan y quise morir de deseo, de instinto animal
irrefrenable, de comunión con ese cuerpo joven.
Enloquecido
como estaba, levanté la vista hacia el cuadrado de cielo recortado por el patio
central de aquellos 4 edificios buscando un poco de respiro a mi fijación
enfermiza en el cuerpo de María y entonces la vi. Una mujer mayor, con los
cabellos grises y revueltos me observaba fijamente desde el séptimo piso, la
mirada penetrante, sin pestañear y con la clara intención de reprobar mi
comportamiento.
Yo en
un primer momento intenté escabullirme, bajar la persiana y salir corriendo
como un ladrón sorprendido en mitad de la noche. Titubeé, volví a mirar hacia
el séptimo para cerciorarme de que no era una especie de alucinación e incluso
saludar a la anciana mujer pero en cuanto crucé la mirada con la de la vieja
sentí una punzada en mi interior y la sensación de quedar encadenado, de haber
perdido mi libre albedrío, mi voluntad justo cuando el reloj marcaba las 00:01.
24 de Junio
Después
de una noche toledana en la que no había podido pegar ojo y con un terrible
dolor de cabeza digno de una de mis épicas resacas, me levanté tambaleándome hacía
el cuarto de baño. En un primer momento, no recordaba nada del episodio
intimidante de la noche anterior pero justo al echarme agua en la cara y
dirigir la mirada hacia en espejo de encima del lavabo, me invadió una
sensación de desasosiego, como de estar en peligro, que me hizo regresar
súbitamente a mi desdichada realidad.
Rápidamente
me puse a darme decenas de argumentos con la intención de rebatir el sinsentido
de la situación pero sin demasiado éxito. De hecho, nunca más volvería a sentir
paz interior.
Mientras
desayunaba, me propuse pasar a la acción y dejar de darle tantas vueltas a la
cabeza. Me di una ducha que me pareció una especie de nuevo bautismo y con el
ánimo ligeramente serenado me dirigí a la calle a por una barra de pan.
El recelo
no me abandonaba pero la cara de la vieja que me había aguijoneado el alma, la
del séptimo piso, se iba desdibujando poco a poco diluida por la cotidianidad
del entorno.
Ya en la
panadería, la panadera me recibió con su habitual buen humor.
─¿Qué pasa Juan?¿cómo se nota que esta noche
no hemos dormido?
─Sí, la
verdad es que con los petardos, ha sido como siempre un coñazo poder dormir ─me
excusé yo de mala gana.
─Bueno,
pues ya sabes que eso se arregla con una buena siesta. Toma, tu barrita de pan.
Venga descansa.
Mientras
hablaba con la panadera, había escuchado la puerta y sabía que había algún cliente
detrás de mí. Al girarme en dirección a la salida, me la topé frontalmente a un
metro escaso de mí. Era la vieja del séptimo, sus ojos negros y tremendamente
penetrantes, la cara enjuta con los pómulos y la barbilla bastante pronunciados,
toda de negro con una ropa que parecía más bien de otra época.
Todo mi
cuerpo quedó sin fuerza, como un títere tambaleante, y el corazón se me desbocó
como un caballo salvaje dentro del pecho. Todos los poros de mi cuerpo rezumaron
un sudor frio enervados por el escalofrío que me recorrió de arriba abajo. Y no
pude más que bajar la mirada y salir casi a tientas con el sentimiento de que
algo se había quebrado dentro de mí mientras oía a mis espaldas la voz áspera de
la vieja que me decía algo como “te vas a enterar”.
30 de junio
Yo no
podía entender que me estaba sucediendo. Siempre había sido un chaval echado
para adelante, incluso un poco brabucón, que no tenía problema para relacionarme
con las chichas manteniendo siempre ese talante de macho.
Y
ahora, me sentía poca cosa, débil de espíritu, sin ganas de salir de casa y con
un tremendo sentimiento de amenaza y dominación.
A pesar
de ello, mi lívido juvenil seguía fabricando hormonas, y después de cenar tuve
de nuevo la tentación de asomarme a la ventana del patío interior en busca de
nuevas y tórridas imágenes de mi joven vecina María.
Primero
miré de soslayo, como de reojo, por si acaso era descubierto de nuevo en mis
lascivas intenciones. La ventana de su habitación, en el tercer piso, estaba
abierta de par en par y la luz encendida. Mis ojos se posaron inmediatamente en
ese cuadrado iluminado en la fachada de enfrente, como si yo fuera una polilla,
a la espera de que su cuerpo desnudo rellenase aquel cuadro de luz que
conformaba la ventana. Podía pasar de un momento a otro, ¡mi excitación iba en
aumento! Venga, venga, venga, ¡por favor! repetía en mi cabeza al mismo tiempo
que vigilaba los alrededores como un ladrón en plena faena. De hecho, yo era un
ladrón, un ladrón de posados.
Y de
repente, ¡eh voilà!, María apareció semidesnuda mirando hacia el exterior
mientras, con los brazos levantados, se hacía un moño. No lo podía creer, ¡me
había tocado la lotería! con esa imagen iba a tener energía sexual para unos
cuantos días.
Dejé a
un lado todas mis prevenciones y miedos y me lancé como un halcón a atrapar con
la mirada esa preciosa silueta juvenil que brillaba en la oscuridad del patio
de vecinos. Casi podía comérmela con la mirada pero cuando más concentrado
estaba recorriendo las curvas de su cuerpo en un viaje sensual arrollador,
parpadeé un momento, y lo que vi al volver a posar mis ojos en ese imán de
placer visual me dejó petrificado. De nuev0, la mirada penetrante y amenazadora
de aquella vieja bruja me estaba juzgando y condenando por obseso sexual.
Miré
hacia el séptimo piso y allí no había nadie, la vieja me estaba abriendo en
canal desde la habitación de María. Parecía que el precioso y delicado cuerpo
de María se había trasmutado en el de la vieja canosa y mal encarada que me
atormentaba ya desde hacía algunos días. Caí desplomado, quedando con la
espalda apoyada contra la pared de debajo de la ventana, sudoroso, tembloroso,
desorbitado. Aunque me cueste reconocerlo, salí reptando por el pasillo hacia
mi habitación incapaz de ponerme de pie y al alcance del ángulo de visión de
aquel ser malévolo y dominante.
4 de julio
Me
encontraba en cama, con fiebre, casi sin comer y bañado en sudor desde el
desdichado episodio de finales de junio.
No
entendía que sucedía, por qué me encontraba tan inapetente, sin voluntad de
hacer nada, como castigado por una voluntad superior. Quizá me lo merecía por
mi conducta deshonesta que intentó violar la intimidad de la habitación de una
adolescente.
Los
amigos me tocaban el timbre hasta casi echar la puerta abajo y me gritaban
desde la calle que bajara para ir a la playa o para salir de fiesta. Yo no
tenía fuerzas ni para contestar y me sentía sometido por una voluntad mucho más
fuerte que la mía que me mantenía encerrado en mi habitación a pesar de mis
ansias de disfrutar las esperadas vacaciones de verano.
10 de julio
Poco a
poco fui recuperándome lo suficiente como para vestirme y salir a la calle. No
había comido prácticamente nada en una semana y se me notaba. Me atreví a hacer
una mini compra en el super con la indisimulada esperanza de no cruzarme con
nadie conocido.
Notaba
que la gente me miraba por la calle o quizá eran imaginaciones mías. Compré 4
cosas y volví tanteando las fachadas de los edificios hacia casa. Me encontraba
en el zaguán de la escalera vaciando el buzón repleto de correspondencia
atrasada cuando se abrió la puerta de la entrada. ¡Era María!
El
corazón me dio un vuelco tal que pensaba que iba a salírseme por la boca e
inmediatamente bajé la mirada sumiso y avergonzado. Ella iba cargada con varias
bolsas del super y llamó mi atención.
─¿Qué
pasa Juan?¿es qué no vas a ayudar a una chica cargada a subir la compra a casa?
Es que no puedo más con este calor, vengo muertecita. ─María llevaba un
pantalón tejano de esos tan cortos que la entrepierna parece que va a ceder de
un momento a otro y la parte superior de un bikini. Lucía un bronceado uniforme
que mostraba claramente las largas horas que su cuerpo había pasado sobre la
arena de la playa.
─Sí
claro, ─dije titubeante, y le ayudé a meter todas las bolsas de la compra en el
ascensor.
¡Qué
largo se me hizo el trayecto hasta llegar al 3º! Por fin tenía delante el
objeto, o mejor dicho, el sujeto de mis más profundos deseos y ni siquiera era
capaz de mirarle a la cara.
─¿Qué,
cómo te va el veranito? ─preguntó ella risueña y chispeante.
Yo con
la mirada pegada al suelo y mirándola de reojo y deleitándome una vez más con
ese cuerpo tan bien formado, tan perfecto, tan joven.
─Bueno
pues va regular. No sé qué he pillado que me ha tenido más de una semana en
cama. Ahora parece que estoy mejor pero me noto raro.
¡Cómo
puede ser! María está aquí hablándome y yo parezco un soberano idiota.
─Pues mira,
tú lo que necesitas es salir. En dos semanas es mi cumpleaños, cumplo 18, ya
ves, ¡qué ya soy mayor de edad! Venga que te invito a mi fiesta, vamos a hacer
una pequeña celebración aquí en el patio central con los amigos y amigas de la
comunidad, y tú estás en esa categoría, ja, ja.
Un sentimiento
de gozo y alegría me iluminó el rostro y por fin fui capaz de levantar la
mirada para mirarla a la cara, a su preciosa cara de chica de 18. A fin de
cuentas, yo tenía 22 así que por qué no podía saltar la chispa del amor entre
nosotros.
Tan sólo
fui capaz de dirigirle una leve sonrisa porque inmediatamente sentí como si una
mano enorme me cogiera del cogote y me hiciera bajar la cabeza hacia el suelo,
muy abajo, muy abajo hasta casi ponerme a ras del suelo.
─Lo
siento María, ya veremos cómo me encuentro. Si estoy mejor, intentaré ir a tu
fiesta. ¡Felicidades por anticipado! ─¡qué idiota soy! ¡cómo puedo despreciar
una oportunidad así!
8 de julio
Hoy me he levantado con la sensación de haber
estado toda la noche andando por ahí. Ha sido como una terrible pesadilla en la
que me arrastraba caminando de rodillas y con los brazos en cruz por el centro
de la calzada. Y ciertamente, tengo los brazos doloridos. ¡Ha sido una
pesadilla tan vívida!
Al ir
al baño, me doy cuenta de que tengo las rodillas llenas de heridas y moratones,
¡pero será posible! ¿qué me ha pasado esta noche?
En días
posteriores, he seguido teniendo terribles pesadillas que parecían hacerse
realidad al levantarme por las mañanas.
Un día
me levanté completamente desnudo y con la lengua negra, llena de suciedad.
Otro, tenía quemaduras de cigarrillo por todo el cuerpo. Y otro día, tenía las
nalgas enrojecidas como si me hubieran dado una buena tanda de azotes.
Todo
sucedía por las noches, entre malos sueños en los que siempre aparecía la vieja
del séptimo.
16 de julio
Me he
decidido a tapar con cartón la ventana que da al patio interior de la finca.
Presiento que es por ahí por donde vienen todos mis problemas desde que aquel
maldito día vi a María desnuda en su ventana.
Me siento
desanimado y sin fuerzas. Es como si me hubieran extraído toda mi voluntad y
ahora fuera un simple pelele que va por ahí como pájaro sin cabeza.
Eso es,
siento que me han arrebatado mi libertad y vivo en un estado febril a expensas
de una voluntad superior, la bruja del séptimo.
20 de julio
Hoy estoy
decidido a averiguar que me sucede por las noches. Me he encerrado en mi
habitación con un pestillo y un candado que he instalado en la puerta para tal
efecto. Antes de ir a dormir, he cerrado la puerta con llave y he guardado la
llave en el cajón de la mesilla.
Ni siquiera
me he desvestido, y recostado en la cama me ha ido venciendo el sueño. Una
terrible pesadilla esperaba sigilosa el momento de asaltar mi mente y mi
espíritu. En ella, yo era conducido a casa de la vecina vieja del séptimo piso
por una especie de fuerza invisible que me sujetaba por los brazos. Allí, la
perversa mujer de rostro justiciero me esperaba con un hierro incandescente en
la mano. Fui obligado a arrodillarme y agachar la cabeza ante la tirana
majestad que ejercía la déspota mujer, y en esa humillante posición fui marcado
como ganado en la zona lumbar. Sentí una terrible punzada de dolor que recorrió
todo mi cuerpo y me devolvió abruptamente a la vigilia.
Me
desperté sudoroso y con un terrible dolor de riñones. Casi sin darme cuenta,
cogí la llave del candado que estaba en la mesilla y liberé la puerta para
poder ir al baño. El dolor aguijoneaba mi espalda como un rejón de muerte. Me
apoyé en el lavabo y alcé lentamente la camiseta en busca de la causa de tanto
dolor.
Lo que
vi me dejó hundido en la más absoluta desesperación. Me habían marcado a fuego
y en mi espalda el nombre de mi propietaria, “María”.
24 de julio
Desde
la terrible noche del 20 de julio no me había atrevido a levantarme de la cama.
Me encontraba en un estado sudoroso y febril que empapaba mis sábanas.
Sin
comer y a penas sin beber, empezaba a tener alucinaciones en las que ya no distinguía
el sueño de la vigilia. La cara de la vieja dominadora danzaba alrededor de mi
cabeza todo el día con una carcajada infinita que me iba reduciendo poco a poco
a la nada.
De
pronto escuché una algarabía y música que venían del patio interior de la
comunidad. Al principio no caí en la cuenta pero de repente recordé que hoy era
el cumpleaños de María al cual estaba invitado. Una sonrisa desesperada recorrió
mi semblante. Si ella viera el estado en el que me encuentro, ¡por favor,
ayuda!
Fue un
grito silencioso que nadie oyó porque las fuerzas ya me habían abandonado hacía
tiempo.
Pero yo
estaba invitado a su cumpleaños y ahora sí tenía derecho a mirarla y admirar
todas las curvas de su precioso cuerpo.
Me
volteé sobre la cama y caí al suelo. Estaba totalmente incapacitado para ponerme
de pie, así que fui reptando por el pasillo hasta llegar a la ventana que daba
al patio central. Cogiéndome al alfeizar y consumiendo las pocas fuerzas que me
quedaban, fui capaz de alzarme lentamente y arrancar los cartones que cegaban
la ventana.
Allí
estaba María, mi diosa, rodeada por todos los vecinos tan preciosa como siempre
y moviendo el cuerpo al son de la música. Me quedé un momento embelesado
viéndola mientras apoyaba mi vientre sobre el alfeizar de la ventana.
Por un momento,
María miró hacia mi ventana insuflándome un soplo de energía vital y esperanza.
Me apresuré a levantar el brazo para saludarla, ¡María, María! Y en ese preciso instante, el peso de mi maltrecho cuerpo se venció hacia adelante y caí desde un sexto piso con una sonrisa en la boca porque al final sí que podría asistir al cumpleaños de mi preciosa María.
domingo, 4 de febrero de 2024
DICCIONARIO DE PALABRAS ODIOSAS (II)
NORMAL. Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano. (RAE)
¡Por Dios
que aburrimiento! Antes de conocer algo que es normal, ya lo conocemos por previsible y repetitivo que es. La
palabra normal es el antónimo más
preciso de la palabra creatividad. La normalidad
es aquello que no brilla, que es por tanto gris, que no dice nada nuevo ya que
su esencia está toda dicha con anterioridad, lo normal es algo en lo que no merece la pena que perdamos el tiempo
ya que su consideración nos va a producir un crecimiento igual a cero.
Lo normal es la media alejada de los
extremos, ni chicha ni llimoná, es lo que no toma partido, lo que se mantiene
neutral, la actitud bobalicona que no tiene opinión ni criterio, la oveja que
lucha por mantenerse bien escondida dentro del rebaño, el miedo a reivindicar
la identidad individual, el miedo a mostrar la diferencia camuflándose en el mono
tono del tapete de realidad sobre el que los no normales destacan y crean filigranas vivenciales.
¡YO NO QUIERO SER
NORMAL!
PARAGUAS. Utensilio
portátil para resguardarse de la lluvia, compuesto de un eje y de un varillaje
cubierto de tela u otro material, que puede extenderse y plegarse. (RAE)
No hay objeto que
represente mejor la condición de urbanita desconectado de la Naturaleza que el
paraguas. Caen 4 gotas y ¡ay, qué me mojo!
Y qué pasa si nos
mojamos, ¿se nos deshace el peinado?, ¿ensuciamos nuestras zapatillas de marca?
¿se nos empañan las gafas? ¿o pillamos un resfriado?
Pobrecitos
aquellos que nunca han saboreado el sabor de la lluvia, ni gozado con el olor a
tierra mojada, ni saltado sobre los charcos…
En la vida hay
que mojarse, no se puede ir por ahí con un escudo a modo de barrera que nos
protege de todo lo que no nos gusta. Cuanto más nos encerramos en nuestra
burbuja, cuanto más abrimos el paraguas, más nos desconectamos de la vida, de
la Naturaleza, de la autenticidad, de la plenitud. Cómo vas a apreciar lo que
te gusta si no pruebas lo que te disgusta.
Camina sin miedo
por la vida y si hay tormenta, pues a mojarse toca y si te parte un rayo, da
gracias de no haber muerto como un pusilánime mirón que ve la lluvia a través
de los visillos.
ALBARÁN. Nota de
entrega que firma la persona que recibe una mercancía. (RAE)
Un albarán es un
diploma a la desconfianza que se usa en una compra-venta en diferido. Consiste
en entregar una mercancía, un bien, a cambio de una promesa y que por esa misma
razón tiene la misma validez que corresponde al compromiso de la persona que lo
firma.
Odio la palabra
albarán porque se basa en la desconfianza que campa a sus anchas en la sociedad
capitalista que rige nuestras vidas y en la que la ausencia de valores morales
hace necesario firmar albaranes.
viernes, 26 de enero de 2024
DICCIONARIO DE PALABRAS ODIOSAS (I)
En esta serie de entradas, me propongo volcar mis reflexiones sobre un grupo de palabras que conforman mi vida y la de la sociedad actual. Por describir situaciones o hechos cotidianos, hemos aceptado su significado sin darnos cuenta de hasta qué punto resultan odiosas. El análisis sosegado de estas palabras nos permite descubrir la subyugación que llevan implícita y entonces, revelarnos contra estos odiosos consensos a los que nos tiene sometidos la sociedad del “bienestar” en la que estamos inmersos. ¡COMIENZA LA REVOLUCIÓN!
PRISA. Prontitud
y rapidez con que sucede o se ejecuta algo. (RAE)
Ya desde la
propia definición de la palabra prisa, vemos que lleva implícita una carga, un
tributo al dios Cronos a cambio de algo que necesitamos urgentemente o con
premura. Es decir, que en la realidad en la que estamos inmersos hay un hecho
que no puede esperar, que pasa por encima de todas las demás cosas focalizando
toda nuestra energía vital en un solo punto y concentrando toda nuestra vida en
una singularidad que se presenta como una condición inapelable para seguir
viviendo.
Todo queda en suspenso,
aplazado, hasta incluso nuestro discurso sensorial queda cancelado con el ÚNICO
objetivo de conseguir esa meta que nos hemos impuesto como rubicón en nuestra
vida.
Asimismo, la
prisa como forma de actuar y a veces, por desgracia, forma de vivir, lleva
implícita toda una serie de emociones negativas como la angustia, el miedo, la
desesperación. Nos perdemos el respeto a nosotros mismos y anteponemos un hecho
externo por encima de nuestra propia integridad con la excusa de que será por
un breve espacio de tiempo. La adrenalina y el cortisol inundan nuestras venas
como claro reflejo fisiológico de que estamos en un aprieto, en pie de guerra,
preparados para luchar contra el enemigo que no es otro que el mismísimo
tiempo.
En esta lucha
encarnizada, nuestro cerebro empieza a sacudir y distorsionar al enemigo, es
decir, al tiempo. Intentamos alargar los segundos, los minutos y las horas,
estirándolos, como si metiéramos con calzador un montón de notas en un mismo
reglón del pentagrama de la vida. Se trata de un intento desesperado, y también
creativo, de densificar nuestra vida, de concentrar nuestro continuo vital por
unidad de tiempo de tal manera que si siempre viviéramos así, Dios no lo quiera,
viviríamos 2 o 3 vidas en lugar de 1 en el periodo natural de existencia de un
ser humano.
Sin embargo, el
tiempo se resiste y lucha ferozmente en sentido contrario haciendo que las
unidades de tiempo nos parezcan cada vez más cortas y rápidas en su discurrir.
En esta situación
de enajenación mental, de conciencia alterada, cometemos errores, algunos se
pueden subsanar a consta de consumir más tiempo, otros son ya irremisibles y
tendremos que aceptarlos. “Las prisas son malas consejeras” o “vísteme despacio
que tengo prisa” se suele decir. El desgaste es tremendo, tanto que llega
incluso a poner en riesgo nuestra integridad física. Lo dicho “no respetamos ni
nuestra propia vida” en pro de alcanzar un objetivo que se nos antoja
importantísimo, vital.
Y es ahí donde se
encuentra el quid de la cuestión, en la cantidad de importancia dada a las
urgencias. Todos tenemos claro que ante una parada cardiorrespiratoria sería
conveniente actuar con “prisa”, aquí totalmente justificado pero y si actuamos
así, como si experimentáramos un paro cardiaco, de forma rutinaria, para ir a
por el pan, llevar a los hijos al cole, terminar un trabajo, ducharnos, etc…
Entonces, está claro que viviríamos en pie de guerra toda nuestra vida. En
tiempos de confrontación se habla de economía de guerra y este mismo concepto
sería aplicable aquí como “vida de guerra”.
A estas alturas
del texto, ya hemos intuido que la prisa tiene mucho que ver con las
percepciones subjetivas de la importancia que le damos a cada cosa. También
tiene que ver con nuestra ansia de vivir, y si existe ansia, existe desarreglo,
falta de armonía, descontento con nosotros mismos.
También he de
decir que esta sobre explotación de nuestros recursos que es inherente a la
prisa, a veces, me ha producido resultados curiosamente sorprendentes y
creativos pero han sido las menos. En general, incluso llegando a tiempo, se
nos queda el regustillo amargo de la autohumillación a la que nos hemos
sometido durante el proceso apremiante.
Entonces que
podemos hacer ante esta manera odiosa de vivir, recapitulemos.
Primero, nada es
tan importante como nuestra propia vida, así que todo debe acompasarse a
nuestro reloj vital.
Segundo, un poco
de planificación no viene mal en tanto en cuanto significa el reconocimiento
implícito de la finitud de nuestras vidas.
Tercero, yo solo
corro por ilusión y pasión, todo lo demás puede esperar.
martes, 14 de junio de 2022
EL FIN DE LA ALDEA GLOBAL
Decía
la máxima latina “divide y vencerás” y en los convulsos años 20 de este siglo
XXI, se vuelve a presentar como el primer paso para la resolución de los
problemas que nos acucian.
A nivel
sanitario con la pandemia COVID, hemos podido comprobar que el aislamiento y el
bloqueo del trasiego de personas han sido determinantes para cortar la cadena
de contagios de este indeseable virus que tantas vidas a segado. Es decir, algo
que empezó en un mercado de Wuhan ha alcanzado rápidamente todos los rincones
del planeta y ha sido necesaria la segmentación (restricción de la libertad de
movimiento, pasaporte COVID, vacunas administradas a distintos grupos
poblacionales, etc…) para atajar la crisis sanitaria mundial que hemos
padecido.
La
invasión de Ucrania por parte de Putin ha sido el segundo hecho luctuoso que ha
puesto de manifiesto las desventajas de la globalización. Hemos podido
comprobar como un problema regional causaba una crisis energética, económica y
alimentaria mundial.
La
globalización lleva años haciendo que todo el planeta se comporte como un ente
unitario en la que cada una de sus partes se ha especializado en una función
orgánica y la suma de todas ellas permite que Gea siga viviendo.
Y de
nuevo, hemos tenido que segmentar, poner barreras y buscar la autosuficiencia
para atajar los efectos perniciosos que la guerra en Ucrania bombea hacia todo
el planeta.
La
globalización transforma el planeta entero en un ente orgánico que se comporta
como cualquier organismo vivo en el que todos sus órganos trabajan al unísono.
Qué pasa cuando el hígado trabaja mal, o cuando el riñón no funciona o no
digamos si tenemos un problema en el cerebro. Todo nuestro ser funciona mal,
toda nuestra supervivencia se pone en riesgo. Esto es el símil de lo que
representa la globalización para la especie humana. Cualquier desajuste local
se convierte de inmediato en un problema global.
Y tal
como ya han empezado a vislumbrar las avezadas mentes del foro de Davos, la
solución pasa por cargase la globalización. Se trata de poner cortafuegos,
barreras que segmenten el campo de juego de manera que podamos actuar sobre la
parcela que funciona mal sin comprometer todo el sistema.
Yo
estoy de acuerdo, para mí la globalización ha acarreado siempre más problemas
de los que ha solucionado porque siempre se ha comportado como un mecanismo que
favorece a los grandes flujos de dinero que campan a sus anchas con en el
escenario global. La globalización ha sido el mecanismo por el cual hemos
podido delinquir fuera de nuestra casa, y me explico. Hemos podido pagar
sueldos que no pagaríamos en nuestra casa, exigir condiciones laborales que no aceptaríamos
en nuestra casa, pagar unos impuestos irrisorios que tampoco pagaríamos en
nuestra casa, maltratar el medioambiente como no nos atrevemos a hacerlo en
nuestra casa (contaminar, ensuciar, desforestar, sobreexplotar, etc…). Vamos,
convertirnos en auténticos hooligans que no toman el té a las 5 levantando el
dedo meñique.
Dicho
esto, nos encontramos con el siguiente problema a resolver: definir cuál es la
unidad funcional que nos define y nos permite ser autosuficientes. Si le
preguntamos a un catalán, se apresurará a decir que es Catalunya pero quizá
sería España o hasta la Unión Europea, la que podríamos definir como nuestra
unidad funcional. Mucho me temo que abordaremos esta cuestión, no desde el
pragmatismo y la funcionalidad, sino desde el corazón o incluso desde el
cerebro reptiliano.
¡Qué
los campos de Castilla vuelvan a producir trigo! ¡Qué España sea energéticamente
autosuficiente, con nuestro sol, nuestro viento y nuestro mar! Quién piensa que
vamos a pasar hambre en España con nuestra agricultura y nuestra ganadería.
Vuelta
a la autarquía porque debemos limitar la capacidad del ser humano de “explotar”,
en el sentido más explosivo del término, el planeta Tierra poniendo mamparos de
contención que contengan a Putin y a todos sus hijos.





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