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domingo, 20 de septiembre de 2020

2020: CAMBIO DE CICLO HISTÓRICO

 


Todos aceptamos que el siglo XXI comenzó con la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, ese hecho iba a marcar una forma de vivir y relacionarnos que a fin de cuentas sería el emblema de un nuevo siglo.

Quizá a estas alturas, todavía hay personas que, haciendo un alarde superlativo de falta de perspectiva y mirada de corto alcance, piensan que vamos a superar esta pandemia y todo volverá a ser como antes. Parece que la venda de la cotidianidad les nubla la mirada y no son capaces de ver más allá del siguiente partido de liga, de la siguiente quedada con amigos, el curro, o el próximo destino vacacional. Y por supuesto que superaremos la pandemia y el coronavirus quedará atrás pero el impacto y el salto evolutivo que ha producido y está produciendo el bichito perdurará. Ha aparecido para quedarse y para volver a imprimir el marchamo de un nuevo ciclo histórico. Quien no lo quiera ver es porque no levanta la mirada del suelo.

Sin pretender ejercer de iluminado, si me gustaría plasmar aquí algunas reflexiones que me saltan a la vista en este 2020. Nada más ponerme a escribir, me doy cuenta de que reflejar las implicaciones de la COVID19 en una entrada de mi blog es claramente un objetivo tan ambicioso como inabarcable. Aun así, daré unas pinceladas que me permitan esbozar las preocupaciones y desvelos que bullen dentro de mí.

Con la intención de empezar a construir un armazón estructural que soporte las ideas que aquí quiero plasmar, voy a dividir las implicaciones en 2 tipos: las individuales y las sociales.

Implicaciones individuales.

 - La primera ha sido impuesta por la amenaza sanitaria de la pandemia, así como un bofetón con la mano abierta y sin anestesia. Se trata del distanciamiento físico, que no social. El contacto físico, la presencia de tus congéneres rodeándote, el cara a cara, el roce, la palmada, el chorro de voz espetado en la cara, las palabras gruesas, el lenguaje no verbal, la sonrisa, todo esto se ha convertido en un lujo que las personas del siglo XXI no pueden permitirse. Ya nos podemos ir olvidando de la atención presencial al público, es decir, de la compra en el pequeño comercio, de ese gestor del banco que “vela” por tus ahorros y acabas sintiéndolo casi como un amigo que te da buenos consejos, de la voz humana al otro lado del teléfono cuando reportamos una avería o del médico de familia, toda una institución, que acompaña a las familias en sus problemas de salud. Esto quizá para los japoneses sea más llevadero, pero a los habitantes del Mediterráneo o más ampliamente a los habitantes del Sur nos revienta directamente la línea de flotación. Nosotros somos personas que amasamos nuestro discurso junto con las emociones que sentimos de manera que nuestra comunicación necesita de algo más que palabras para poder transmitir lo que sentimos. Si os habéis fijado cuando entablamos conversación en la calle con las mascarillas puestas y el distanciamiento parece que hablemos por Skype, parece que lo que tengamos delante sea una imagen de la persona y no la persona misma. Pues señores, esto es lo que hay, se acabaron las intersecciones de las esferas personales y los cuerpos vibrando al unísono.

- Teletrabajo. Esto es algo que las empresas jóvenes y dinámicas como las startups veían como un alivio al no tener que soportar el peso de unas infraestructuras capaces de alojar a todos los trabajadores pero que, por otro lado, las empresas grandes, consolidadas y sobre todo en manos en empresarios de la vieja escuela veían con mucho recelo. Para estos empresarios carcas, que son los que por cierto mueven toda la pasta del país, se aplica en toda su rotundidad la conocida expresión “el ojo del amo engorda el caballo” y ven eso del teletrabajo como una manera estupenda para que el trabajador se escaquee. Sin embargo, esta pandemia ha acelerado el cambio que posiblemente se hubiera producido al cesar en sus cargos esa generación de empresarios viejos y les ha obligado a ir acostumbrándose por narices a dejar lo del relojito de fichar y a trabajar por objetivos, ¡qué los trabajadores de oficina no están en una cadena de producción de tornillos, por favor!

- La vuelta al entorno rural. Y por otro lado, una de las maravillosas consecuencias de la posibilidad de teletrabajar es el retorno a la España vaciada, al contacto con la naturaleza abandonando el apiñamiento insano y contaminante de las grandes ciudades. Señores qué en España tenemos miles de Km2 llenos de Naturaleza y de vida para poder respirar un aire de calidad y comer sano con productos de km 0. Esto es una delicia, puedes elegir mar o montaña y criar a tus hijos en un entorno seguro y saludable sin transformarte en un Robinson Crusoe, es decir, en contacto con el pulso del mundo.

- Sentimiento de solidaridad. Otro de los efectos que debería haber producido esta pandemia es el crecimiento de la empatía y la solidaridad. Sólo las mentes cafres, mejor no doy ejemplos, no se dan cuenta de que ante los problemas importantes todos somos iguales. Por ejemplo, esta pandemia no entiende de fronteras, ni de estatus sociales, ni de comunidades autónomas, ni de países y paisitos, ni de soluciones locales. Esta pandemia, como todos los problemas globales que nos afectan, requieren de una verdadera globalización del entendimiento. Basta ya del espectáculo lamentable de la OMS, de la UE, de USA, Rusia, China, etc… Necesitamos soluciones supranacionales, que serán tomadas por organizaciones legales o poderes ocultos supranacionales, se acabó lo de las fronteritas y yo en mi casita hago lo que quiero. Esta visión es únicamente propia de cobardes proteccionistas, individualistas y sobre todo muy egoístas.

- Valoración de la salud por encima del estatus económico. Siempre hemos dicho que la salud es más importante que el dinero, pero creo que esta pandemia nos ha recordado que eso es justamente así. Por tanto, se ha producido un recalibrado de la escala de valores. Ya no se trata de trabajar sin parar para tener el mayor dinero posible y comprar muchas cosas para regocijarnos en el hedonismo como única recompensa vital. Ahora, valoramos más el estar sanos, el estar vivos y el tener la oportunidad de hacer lo que se hace cuando uno está bien de salud y vive en plenitud.

Implicaciones sociales.

- Desplazamiento del foco de poder hacía organizaciones supranacionales, privadas o públicas, visibles u ocultas. Aquellos que todavía a estas horas se preguntan qué nación saldrá victoriosa de esta crisis es que no entienden nada, desde mi punto de vista. Señores, se acabaron los paisitos y los paisotes. Los que mueven los hilos actualmente ya no son los países, sino organizaciones con más poder que los países que, por tanto, gozan de bastante impunidad ya que su ámbito de actuación supera las fronteras y las jurisdicciones delimitadas por esas fronteras y que se lo están llevando crudo: Soros, Bill Gates, Bildelberg y otros muchos lobos disfrazados de corderitos. Son magos de la propaganda que usan el maravilloso instrumento de las redes sociales para generar estados de opinión y espejismos democráticos para ir conduciendo al rebaño mundial hacia los corrales de su gusto. Y en el epígrafe de las redes sociales meto también a los medios de comunicación, totalmente apesebrados y con la rodilla hincada, incapaces de denunciar nada, no sea que les cierren el chiringuito. El periodismo tiene que ser disidente porque si no ya no es periodismo, son sólo relaciones públicas, y la frase no es mía sino de Orwell, autor de la novela distópica 1984.

- Siglo XXI, el siglo de la ética. El siglo XXI está lleno de grandes retos, avances tecnológicos y desafíos morales que van a necesitar una respuesta ética universal y humanista. Estoy hablando, por tanto, de un salto evolutivo en la conciencia de la humanidad. Desde mi punto de vista, hay que dar carpetazo ya a esta crisis de paradigma, de ideas, de ideología que ha caracterizado a la postmodenidad y entrar en una nueva etapa de la conciencia humana que ponga los pilares sobre los que se desarrollará la civilización de mañana próximo. Hay que levantar la vista de la televisión, del partido de fútbol de turno, de las pantallitas de los móviles y videoconsolas de juegos y pensar un poco como queremos que sea nuestro futuro. Está claro que para hacer este cambio se requieren grandes líderes de pensamiento y que sus ideas puedan ser traducidas en términos políticos y sociales que nos lleven a otros modelos de sociedad. El comunismo ya colapsó en el siglo XX pero ahora estamos viendo como el capitalismo también colapsa. Qué mierda de sociedad capitalista tenemos que los jóvenes no pueden ni comprarse un piso, ni alquilarlo por muy preparados que estén, es decir, no tienen futuro. Qué mierda de sociedad tenemos si nos dicen que el ejemplo a seguir son los chinos que son muy competitivos porque no paran de trabajar nunca bajo un régimen dictatorial. Qué mierda de sociedad tenemos cuando la sociedad se ha fracturado en 2 grupos separados por un abismo, los muy pobres y los muy ricos. Me parece que el capitalismo empieza a dar grandes resbalones.

- Y si como he dicho los estados-nación van perdiendo fuelle en esta nueva etapa, yo creo que el peso del desarrollo vital debe caer en manos del individuo. Todos de manera individual deberíamos ser responsables de nuestra educación, de nuestro autoconocimiento, de nuestro respeto por el entorno, de nuestra salud. Sí, estoy hablando de libertad individual, de no dejar que otros piensen por nosotros, de tener cuidado con las palabras aduladoras que tanto nos gustan para calmar nuestro sesgo de confirmación. En definitiva, de transformarnos en libre-pensadores.

Bueno, llegados a este punto, me doy cuenta del inmenso pantano en el que me he metido y que supera con muy mucho las humildes aspiraciones de este blog. Esto da para escribir no un libro sino muchos libros que doy por seguro, serán escritos cuando se analice la pandemia de la COVID19 y como cambió el siglo XXI desde entonces.

¡Tenemos trabajo como sociedad, señores!

martes, 7 de abril de 2020

Cuando el náufrago de la isla desierta fue rescatado



En este 2020, una parte importante de los ciudadanos del mundo hemos sido deportados a nuestra isla desierta particular. No se han admitido excusas y las fuerzas del orden nos han acompañado, casi a punta de pistola, hacia un retiro forzoso en nuestra isla familiar.
Pero no todas las islas son iguales. Unos se han ocupado de tener grandes islas, con mucha extensión, pero bastante desiertas. Otros, sin embargo, tienen islas más pequeñas pero llenas de cosas.
En nuestra isla hemos comprado tranquilidad y mucho tiempo a cambio de experiencia vivencial, que es lo que hemos pagado. Nuestra isla es como volver al vientre materno durante una temporada, protegidos de la hostilidad exterior y preparándonos para volver a nacer algún día, no tan lejano.
Ante esta coyuntura, muchos nos hemos preguntado ¿y qué me llevo yo a una isla desierta?¿recordáis las clásicas respuestas? Un libro, un mechero para hacer fuego, una cuerda, un sombrero, una tienda de campaña….
Pues no, esos objetos no han sido los que el ciudadano del siglo XXI se llevaría a una isla desierta. Basándome en datos objetivos puedo decir que el humano actual se llevaría papel higiénico a una isla desierta situando sus máximas aspiraciones en mantener el culo limpio, que podría interpretarse benévolamente, como el deseo de mantenerse sano. En definitiva, necesidades básicas.
Al cabo de unos días, ha pasado un barco de suministros por las distintas islas preguntando que deseaban sus habitantes. Estos habitantes ya habían descubierto que las hojas de palmera servían para tener el culo limpio, así que lo que han pedido en masa ha sido cerveza y chocolate (excepto USA que ha pedido armas) para reavivar el fuego de las recompensas mentales y empezar a velar por la salud mental.
Por otro lado, algunos habitantes de las islas, los menos capaces de realizar introversión y vida contemplativa, han empezado a intentar comunicarse con las otras islas mediante diversos medios, señales de humo, mensajes en una botella, aplausos, música a las 8, tambores lejanos. Vamos, toda una serie de creativas maneras de romper la soledad de la isla que, por otro lado, es una de las condiciones que definen el vivir en una isla.
Otra vez ha pasado el barco de suministros por las islas y en esta ocasión el producto estrella ha sido el whisky. Bebida que demostraba a las claras que los habitantes de las islas habían decidido evadirse de la realidad, es decir, deprimir su nivel de conciencia para que el tan preciado tiempo que habían comprado al entrar en la isla pasara rápido sin sacar de él el más mínimo provecho.
Al pasar el tiempo, algunos ciudadanos más optimistas nos hemos dado cuenta de que pensar en qué haremos cuando podamos salir de la isla es una droga aún más fuerte que el alcohol para poder soportar el encierro. Pues eso, ¿habéis pensado ya qué haréis cuando podamos salir de casa sin necesidad de sacar al perro, ir a la farmacia, o ir a comprar alimentos?
¿Qué es lo primero que haréis una vez rescatados de la isla desierta? ¿Ir al cine, a un bar, ver a la familia que había quedado atrapada en otras islas? Yo personalmente pienso en echarme al monte y perderme por el bosque durante varias horas.
Y, sin embargo, ya intuís que no funciona así. No va a haber un botón de on/off que resetee la realidad y elimine ese programa que se había quedado colgado. Vamos a estar obligados a seguir protegiéndonos, a evitar en la medida de lo posible el contacto social, a no darnos la mano, ni abrazos, ni besos y a evitar al animal más peligroso en esta crisis, el humano. Así como, a pagar la astronómica factura económica de este retiro espiritual forzoso.
Por tanto, no se trata de buscar en el exterior el lugar al que iremos cuando acabe el confinamiento sino de buscar en nuestro interior. De morir para volver a nacer, dejando en la isla desierta la persona que éramos para salir a una nueva realidad, ya cambiada para siempre como personas nuevas que han aprovechado el encierro forzoso como una catarsis renovadora. Y diré más, no se trata de que cada uno de nosotros nos vayamos a un lugar diferente sino de que todos suframos una epifanía conjunta y solidaria que nos haga más fuertes y más sabios para construir una nueva sociedad.

domingo, 5 de abril de 2020

Lo que no me mata me hace más noble



Coincido contigo Lluís y yo creo que en mi entrada vengo a decir que nuestra altura ética está muy por debajo de lo que sería deseable para enfrentar los grandes problemas que asolan o acechan a la raza humana. El hecho, triste y constatado, de estar viviendo una época de crisis, de ausencia de ideales, hace que los seres humanos nos movamos como peonzas borrachas que solo buscan satisfacer sus necesidades más carnales y banales. Luchamos con un heroísmo inefable, intentamos dominar una pandemia mortífera, gastamos miles de millones de euros, sacudimos la vida humana en todo el planeta aparentemente por poder volver a tomarnos una caña con el amigo, ir al chiringuito de la playa en verano, ir al cine, o seguir consumiendo la droga materialista que nos satisface los fines de semana. Y yo me pregunto, ¿vale la pena toda esta lucha titánica sólo por recuperar eso? ¿El hostión no es suficiente para pararnos a pensar un poquito y reflexionar si realmente queremos volver a lo de antes del COVID19? ¿Vamos a dejar pasar esta crisis sin obtener ninguna lección de vida? ¿Sin dar un paso hacía un nivel tan solo un poco más elevado? Cuando todo esto pase, ¿ya no recordaremos la solidaridad que ha surgido en nuestras calles durante estos días de zozobra?, ¿no recordaremos los aplausos a los sanitarios y a todos los profesionales que han continuado trabajando para que el país no colapse?, ¿no recordaremos que cuando vienen mal dadas, el Barça-Madrid es una pura anécdota sin importancia? O sea, ¿me queréis decir que todo este coste en vidas humanas, en familias sin ingresos, en destrucción de la sociedad del bienestar, no va a tener ninguna lectura enriquecedora que nos haga ser un poquito mejores? Pues francamente, ¡qué desilusión! ¿Qué necesitamos para salir de esta etapa desalmada y entrar en el siguiente escalón espiritual humano?, ¿la tercera guerra mundial?
Me niego a creer que situaciones como esta no sirvan mínimamente de acicate para replantearnos si es esto lo que queremos en la vida. No digo que se produzca una transformación radical post coronavirus pero sí que esta sea una piedra más en la construcción de un nuevo orden social.
El atentado de las Torres Gemelas y el yihadismo, la crisis financiera del 2008, la crisis sanitaria del COVID-19, el desarrollo imparable de la tecnología, el innegable impacto del ser humano en el entorno natural del planeta, son los ladrillos para la construcción de una nueva humanidad, que necesariamente ha de ser mejor porque si no lo es, el resultado de la ecuación es sencillo: ¡EXTINCIÓN!
La historia ha demostrado que quizá somos la especie con mayor capacidad de adaptación al medio que existe sobre el planeta Tierra, por tanto, por qué he de pensar que ahora no es así. Y por eso creo que en la segunda mitad del S. XXI, nuestros hijos verán el advenimiento de un nuevo ordenamiento social y abandonaremos ya, por fin, esta etapa individualista, sin ideales colectivos, en la que el ser humano se levanta por las mañanas con el único fin de cubrir sus insignificantes necesidades orgánicas y orgásmicas.

sábado, 14 de marzo de 2020

Papel Higiénico



Desde que la especie homo es hombre, siempre ha sentido la necesidad de expresarse sobre soportes sólidos para transmitir información “en diferido”, es decir, cuando el receptor no está presente en el momento en el que se produce el mensaje. Ejemplos que ilustran este sentimiento irrefrenable los encontramos ya desde el paleolítico, edad en la que ni siquiera éramos sedentarios, como en nuestras queridas y espectaculares cuevas de Altamira.
Conceptualmente se produjo un gran avance cuando ese soporte sólido se pudo transportar y llevar así el mensaje al receptor y no al revés, es decir, las cuevas no se podían transportar y era el receptor quien tenía que acercarse para recibir el mensaje. Los primeros soportes físicos de la escritura aparecieron allá por el 3400 a.C y estuvieron constituidos a lo largo de la historia por arcilla, huesos, maderas, tablillas de cera, piedras o metales.
El siguiente salto evolutivo se produjo con el uso de papiro por parte de los egipcios sobre el siglo IV a.C. En este caso, se trataba de un material mucho más liviano que permitía ser usado como soporte de la escritura, es decir, del conocimiento pero que en realidad estaba sólo al alcance de unos pocos privilegiados, no en vano el origen etimológico de la palabra “papiro” procede del antiguo término egipcio, que significa 'flor del rey', pues su elaboración era monopolio real.
Siguiente salto, que es en realidad un perfeccionamiento del anterior allá por el año 150 a.C., el pergamino. Se trata de un material hecho a partir de la piel de cordero o de otros animales que se desarrolló en la ciudad de Pérgamo. El pergamino acabó sustituyendo al papiro por sus ventajas materiales, por ser un soporte más fácil de conseguir que el papiro, mucho más duradero​ y de mejor calidad. Ya podíamos escribir libros, libros que iban a contener la información más sagrada y más importante de la humanidad. Pero se requería un escriba, una persona, generalmente monjes, que fuera copiando lentamente los textos sobre el soporte sólido y esto de nuevo hacía bastante restringido el acceso a la información.
Y por fin llegó nuestro material rey, la perfección hecha objeto, el soporte sólido ideal, el papel. La tradición atribuye el descubrimiento del papel a Tsi Lun, un oficial del emperador chino de la dinastía Han , en el año 105 d.C. Pero hasta los siglos X y XI no empieza realmente a ser usado en Europa y, con todo, tardará en desplazar al pergamino.
Y así vino el siguiente salto evolutivo, la popularización del saber con el desarrollo de la imprenta por Johannes Gutenberg en el año 1450.
Habíamos alcanzado la perfección en el sistema de registro del conocimiento humano que podía así acumularse, almacenarse en bibliotecas para que la siguientes generaciones siguieran evolucionando intelectualmente a partir de los saberes escritos sobre el papel. El papel era un elemento noble, sobre él se escribían los títulos de propiedad y nobiliarios, los testamentos, los libros sagrados de las distintas religiones y hasta el dinero (que no deja de ser un título de propiedad).
La producción de papel se elevó tanto que ha llegado a amenazar la subsistencia de su fuente de origen, la celulosa que se origina en los bosques del planeta.
Siglo XXI, aparece otro salto evolutivo en el almacenamiento de información, el formato electrónico. Sin duda permite una capacidad de almacenamiento infinitamente superior al papel y una popularización mundial del mensaje y hasta diría extraterrestre. Por tanto, el soporte digital supone la segunda popularización de la sabiduría que ahora está al alcance de todo aquel que tenga electricidad. Y ahí, acabo de señalar su punto débil, este soporte necesita energía, al menos para ser generado-leído y es un soporte físico menos perdurable dada su complejidad técnica (¡la piedra Rosetta todavía  va dando tumbos por ahí!).
Entonces, ¿qué hacemos ahora con el papel? ¿ya no sirve? ¿qué podemos hacer con un elemento tan noble sobre el que hemos depositado hasta las sagradas escrituras? Respuesta, ¡pues limpiarnos el culo!
Seguimos adorando las cualidades del papel, su liviandad, su suavidad. Este polímero de celulosa es realmente delicioso y por eso sería una pena dejarlo sin utilidad, así que usémoslo para limpiarnos el culo.
Siendo benévolo, podría decir que ahora la humanidad ya no lo necesita para almacenar información ya que tenemos ordenadores y discos duros, esa necesidad está cubierta y por tanto, podemos despojar al papel de su nobleza para usarlo en otros menesteres más orgánicos y animalescos. Sin embargo, siendo un poco malpensado, creo que el papel sigue siendo un artículo de primera necesidad, sigue estando en la cúspide de lo humano. Así ha quedado patente estos días ante una amenaza sería como la pandemia del COVID19.
Siempre hemos creído que el intelecto, la capacidad intelectual y el lenguaje, era lo que diferenciaba a los seres humanos de los animales. Para eso necesitábamos el papel como fiel guardián protector de nuestra superioridad mental en el reino animal. Sin embargo, en el siglo XXI y ante situaciones de crisis como el COVID19 se ha puesto de manifiesto que el rasgo diferenciador del ser humano con respecto a los animales es tener el culo limpio, los animales no se limpian el culo, y para eso también usamos el mismo elemento, el papel.
Cuando el ser humano se ha visto amenazado ante una situación que afecta a su supervivencia, ha revelado por fin cual es su verdadero anhelo, qué constituye el vértice de la pirámide de sus necesidades (si Maslow levantara la cabeza). Ante la pregunta de qué te llevarías a una isla desierta, la respuesta del ser humano del siglo XXI está clara, ¡PAPEL HIGIÉNICO!
Así que, ante nuestro poder autodestructivo, auguro un largo provenir al papel pero ahora con otro uso menos noble y más orgánico. Los que no hayáis podido conseguir rollos de papel del váter en la estampida COVI19, no os preocupéis, seguro que en algún rincón olvidado de vuestros hogares todavía atesoráis sesudas y voluminosas enciclopedias con miles de páginas que pueden ser destinadas a este nuevo uso higienizante e incluso, dada la crisis de fe que también caracteriza al ser humano del siglo XXI, creo que el Papa autorizará sin empacho, el uso de la Biblia para salvar a la humanidad limpiando sus corazones y sus traseros.

martes, 7 de febrero de 2017

La hipótesis Gaia


En 1969 el químico James Lovelock ideó la hipótesis Gaia. Según  esta hipótesis la vida fomenta y mantiene unas condiciones adecuadas para sí misma, afectando al entorno, de manera que la atmósfera y la parte superficial del planeta Tierra se comportan como un todo coherente donde la vida, su componente característico, se encarga de autorregular sus condiciones esenciales tales como la temperatura, composición química y salinidad en el caso de los océanos. Es decir, que la biosfera autorregula las condiciones del planeta para hacer su entorno físico más hospitalario con las especies que conforman la «vida».
Por tanto, debemos asumir que a medida que la vida evoluciona sobre la superficie del planeta también va provocando un cambio dinámico de su entorno de manea que favorezca la existencia y requerimientos de especies más evolucionadas. En este sentido tendríamos un sistema en perfecto equilibrio que se extendería a lo largo del tiempo. Creo, sin embargo, que existe un “bug”, una puerta trasera en esta teoría que desestabilizaría la armonía planetaria proyectada por la hipótesis Gaia. Ese colapso del sistema se produciría con la aparición de la conciencia, y me explico.
En este sentido, a medida que la vida evoluciona y da lugar a la aparición de organismos más complejos, aparece la conciencia encarnada en aquellos organismos más evolucionados capaces de pensar, dotados de la capacidad cerebral de generar el pensamiento. Desde el momento que eso ocurre, entran en juego toda una serie de motores que no se encuentran en sintonía directa con la vida, es decir, los seres pensantes alteran ciertamente su entorno, la Tierra, pero no lo hacen en base a condicionantes naturales dirigidos a favorecer la supervivencia sino a intereses muy distintos que hasta podríamos clasificar de “idiotas”. Entran en juego el orgullo, el amor y el odio, la apreciación de la belleza, el miedo, la soberbia y toda la infinidad de productos de una mente pensante, todos ellos con una finalidad muy distinta que la de perpetuar la vida sobre el planeta.
Quiero con esto decir, que la especie con más capacidad de alterar el planeta, que es el ser humano, rompe con los fundamentos de la hipótesis Gaia ya que en general los motivos por los que modifica su entorno están bastante alejados de la premisa de perpetuar la vida en la Tierra. Entran en juego intereses económicos, motivaciones individuales en contraposición al interés colectivo, o simplemente estupidez que van dirigiendo al planeta hacia unos derroteros  que no suponen aumentar la habitabilidad de la Tierra. Más al contrario parecen encaminados a desolar la faz de la Tierra de tal forma que no sea posible la vida.
Por tanto, para mí, la hipótesis Gaia alcanzaría un clímax con la aparición de la conciencia, es decir, tendría como tope evolutivo la aparición de seres capaces de pensar y a partir de aquí se produciría una involución, una destrucción de la vida hacia estadios menos evolucionados como únicos posibles supervivientes. ¡Siempre hemos intuido que si la raza humana destruye la Tierra sólo se salvarían las cucarachas!
¿Quiero con esto decir que la conciencia es incompatible con la vida que la sostiene? Me temo que desde que aparece la capacidad de recrear la realidad en nuestra mente de forma individual y crear nuestra propia realidad, nos escindimos del todo, de la madre Naturaleza, y abandonamos nuestra condición de seres vivos basados en el carbono para creernos seres espirituales inmortales. Así, mientras nuestro nivel de conciencia no alcance niveles más elevados que rompan la dualidad individuo-entorno y que nos permitan entrar en comunión de nuevo con la Naturaleza, la vida sobre el planeta corre peligro de extinción.
Por eso creo que en los tiempos actuales la hipótesis Gaia chirría y me encantaría de todo corazón que alguien me demuestre lo contrario.

domingo, 27 de enero de 2013

¿Para que sirve el arte?


Hace pocas fechas escuché afirmar a Manuel Martín Loeches, que es profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y Coordinador de la Sección de Neurociencia Cognitiva del Centro UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, que desde el punto de vista evolutivo no se explica cual es el poder adaptativo del arte. Vamos, que es una especie de capricho, de floritura de la Naturaleza que ha querido “adornarse” con esta especie de la que formamos parte, el Homo Sapiens Sapiens.
Porque parece ser, que de todos los miembros del género Homo sólo existe constancia de la generación de arte por parte del Homo Sapiens.
Teniendo en cuenta que los humanos somos una de las especies más evolucionadas del planeta, sino la más evolucionada, es extraño considerar que algo a lo que, por cierto, dedicamos bastante tiempo y esfuerzo, sólo tenga una utilidad recreativa, para echar el rato.
Parece que la única y débil explicación que encuentran los científicos a esta excepcional devoción por el arte radica en la supuesta ostentación de una inteligencia o habilidad superiores por parte de los artistas, es decir, que aquellos especimenes capaces de crear arte sería vistos por los demás como superiores. Puedes ser más fuerte, más alto... o artista.
Sin embargo, esta explicación me ha parecido tan pobre, que me he propuesto comenzar una lista de razones para sacar al arte de la parcela de la pura frivolidad, con el deseo de que todos aquellos que paséis por el blog alarguéis más y más la lista. Empecemos.
Para mi el arte constituye una representación de nuestra percepción de la realidad, de manera que los artistas estarían dibujando constantemente un mapa de la realidad y los mapas sí que sirven, ¿verdad? Nos ayudan a entender la realidad que nos envuelve, y no es eso una función adaptativa por excelencia.
Vamos a por un segundo argumento. Todos podemos entender que el arte está basado principalmente en los símbolos, y ¿no fue la aparición del lenguaje simbólico lo que nos permitió dar el salto evolutivo final? El lenguaje simbólico por excelencia es el basado en los significantes acústicos, y precisamente gracias a la capacidad de articular sonidos discretos se fue completando el proceso de cerebración del Homo Sapiens. El lenguaje puede ser considerado como arte, si cantamos es todavía más artístico, pero la capacidad adaptativa del lenguaje está fuera de toda duda.
Vamos a ver otro aspecto del arte, en concreto el intenso placer que produce. El sistema límbico se encarga de que realicemos acciones como comer y reproducirnos, básicas para que la especie sobreviva. Cuando esas conductas se producen, se segregan en el cerebro una serie de neurotransmisores que provocan la sensación de placer, que es apetitiva para el ser humano, por lo que este dirige su conducta para poder conseguirla” Así que, si el arte es fuente de mucho placer, ¿no es plausible pensar que podría ser básico para la supervivencia de la especie? Además creo que el arte crea un triángulo perfecto con estos dos vértices: la comida y la tensión sexual.
Finalmente (por mi parte pero no por la vuestra), se me ocurre pensar en la evolución de la conciencia. En este caso tenemos tanto el fenómeno de la neuroplasticidad como la propia evolución de pensamiento y creo que el arte ejerce una indiscutible acción sobre estos dos aspectos funcionales del cerebro. Yo considero la evolución de la conciencia como un proceso adaptativo por excelencia, así que, de nuevo puedo afirmar que el arte humano tiene otra razón para salir de la frivolidad improductiva.
Ahora, sólo me queda exhortaros a darle más razones a Manuel Martín sobre el poder adaptativo del arte aunque quizá habría que preguntarle primero que considera él cómo arte.

martes, 29 de marzo de 2011

Homo Habilis


El adjetivo que da nombre a esta especie del genero homo hace referencia a su capacidad para manejar utensilios, herramientas. Es decir, este antecesor de la raza humana era ya, hace 1,5 millones de años, suficientemente inteligente como para poner a su servicio los materiales que encontraba en su entorno. Dicho de otra manera, era capaz de proyectarse, de extrapolarse en pos de la consecución de un determinado reto añadiendo a su estructura física aquello que le faltaba, como podía ser un filo, un mazo, un palo…

A medida que fue transcurriendo el tiempo desde aquel Pleistoceno hasta nuestros días, el número de instrumentos o utensilios que ha acompañado la evolución humana ha ido creciendo, permitiéndonos hacer cada vez cosas más sofisticadas, más alejadas del potencial físico humano. De hecho parece haberse establecido una simbiosis entre estos dos parámetros, evolución-herramientas, es decir, vamos evolucionando de manera que aumenta nuestra precisión psicomotriz, lo cual nos permite manejar mejor las máquinas pero al mismo tiempo se atrofian aquellas funciones que ahora hacen las máquinas y antaño hacíamos nosotros. De esta manera, parece que el camino de nuestra evolución está fuertemente delimitado por lo que nosotros mismos vamos creando, es decir, nuestra evolución se retroalimenta constantemente y en la actualidad, casi todos somos capaces de imaginarnos un futuro en el que nuestro soporte físico será enteramente sustituido por las máquinas. ¿No sería esta la herramienta total?, una mente actuando sobre un poderoso soporte físico capaz de hacer todo lo que los cuerpos físicos pueden hacer en un entorno material.

De momento, el hombre de hoy en día se parece más al Inspector Gadget que a la máquina total. Yo mismo, nunca salgo de casa sin mi móvil, que cada vez tiene más funciones: me despierta por las mañanas, me permite estar absolutamente localizable por los demás, me permite estar absolutamente localizado mediante el GPS, puedo escuchar música, me permite hacer de reportero gráfico, me organiza la vida, me permite aceptar el borrador de Hacienda, etc… Tampoco olvido mi manojo de llaves que va creciendo con el tiempo, en el que están las llaves del coche, de casa, del buzón, del parking, de la taquilla del trabajo, del candado de la bici…. miles de llaves que abren miles de puertas de un sofisticado mundo lleno de barreras y proteccionismo espacial. Asimismo, no hay que dejarse las gafas de sol en casa que luego la vista se resiente cuando vamos conduciendo, eso sí, debes combinarlas con las de vista porque cada día estamos más cegatos, y si el día está bonito, o ha nevado, o pasa algo extraordinario, lo mejor es llevarse la cámara para estar preparados y hacer unas buenas fotos. Si vas a pasear con tus hijos, no olvides la cámara de video, que así, luego podrás tener un bonito recuerdo de aquel día en los columpios que en realidad no disfrutaste porque eras espectador detrás de la cámara. Otro de los elementos imprescindibles es llevarse una gorra que además de ir a la moda, te permite protegerte del dañino sol, qué luego por la tarde duele la cabeza. Otro de los elementos que ya se ha fusionado con mi muñeca es el reloj que me permite seguir cultivando mi obsesión por aprovechar bien el tiempo, qué la vida son cuatro días. Si sales con tus hijos a pasear es muy importante que se lo pasen bien, así que no debes olvidar el cubito y la pala, el monopatín, la pelota, su muñeco preferido, el paquete de pañuelos por si tienen mocos, algo para entretener el hambre, una botellita de agua mineral, sus gorras. Y que pasa si te aburres en los columpios, entonces hay que llevar el diario o una revista, o en su defecto un ebook con 3000 libros en la memoria para que no nos falte lectura, qué también hay que pensar en el ocio de uno. Según lo que vayas a hacer fuera de casa debes considerar llevar otros utensilios como una navaja, un bastón para ayudarte a caminar, una mochila que puede contener o no un portátil, y hasta la nintendo para un caso de emergencia, como por ejemplo que los niños te dejen comerte tranquilamente tu entrecot en el restaurante del domingo.

Ahora bien, lo que es absolutamente imprescindible, que no se te puede olvidar bajo ningún concepto, es la cartera, o billetera, o tarjetera. Esa que toda la vida se ha llevado en el bolsillo de atrás del pantalón y que ahora no se lleva, no porque te la roben sino porque no cabe y además se deforman las tarjetas. Al igual que el manojo de llaves, la cartera del hombre actual también va creciendo. El dinero en metálico disminuye pero aumenta la documentación. Quien podría salir de casa sin su DNI, su cartilla de la SS, su tarjeta del seguro médico privado, la tarjeta del gimnasio, la de la biblioteca, la de la máquina del café, la de los puntos, la de crédito, la de débito, la del otro banco por si no encuentras cajeros, la del Corte Inglés, la del ToysRus y por supuesto, el carné de conducir, que la multa es segura. Además nuestra cartera, que protegemos con nuestra vida si hace falta, también hace las funciones de almacén o archivo pues allí guardamos todos los tickets de todas las compras que vamos haciendo hasta que se borra la tinta, por si los bienes de consumo adquiridos se estropean o no quedan bien delante del espejo. Si aún te queda sitio, puedes llevar una fotografía de tu familia y un calendario de cartulina de los de toda la vida, y qué se quite la blackberry. Respecto al bolso de las mujeres, eso es otra galaxia con miles de estrellas que no me atrevo ni a mirar con telescopio.

¿Está el homo habilis a punto de llegar al paroxismo? Yo creo que sí, y por eso le estamos pidiendo a la evolución que dé otro salto cualitativo e integre todos estos utensilios en una estructura biomecánica que ya no sería de nosotros, sino que seriamos nosotros.

viernes, 3 de septiembre de 2010

El fin de los hombres


Hace ya algún tiempo que vengo notando cierto desajuste a la hora de cuadrar las cuentas del reparto sexista de nuestra especie. Al principio, incauto de mi, atribuí el desbarajuste a una causalidad por medio de la cual la fémina prendía con mayor facilidad en mi entorno más cercano. Sólo fijándome en la planta del edificio en el que habitualmente trabajo, la generación procreadora (incluyéndome yo) mostraba cualidades claramente superiores para engendrar hembras en detrimento de los varones (yo predico con el ejemplo y por eso tengo dos hijas). Sin embargo con el tiempo, he llegado a convencerme de que la escora hacia el sexo femenino no es arbitraria ni mucho menos casual.

Y es que creo que estamos ante el siguiente escalón evolutivo de la raza humana. O sea, que si nos fijamos en el entorno socio-económico-ambiental en el que se desarrolla la vida humana actual, se pone enseguida de manifiesto que no estamos haciendo lo mejor para la supervivencia de la especie. Cada vez se tienen menos hijos y más tarde y en un entorno más insalubre.

¿Cómo reacciona la Naturaleza en este caso? Pues aumentando el número de hembras procreadoras que son las verdaderas generadoras de vida, es decir, resaltando que son ellas las que llevan el mayor peso reproductor mientras que el macho sólo es portador de un paquete concreto de información.

Resulta también curioso pensar que este mecanismo de defensa de la especie ya estaba encriptado desde su origen atendiendo a la mayor persistencia de los espermatozoides portadores del cromosoma X, o sea, los que darán lugar a una hembra después de la concepción. Los espermatozoides portadores del cromosoma X son más resistentes que los portadores del cromosoma Y, y por eso, sólo era necesario que se dieran las adversas condiciones externas en las que estamos inmersos para que se disparara el mecanismo de defensa decantando el fiel de la balanza hacia el lado femenino.

Otra conclusión que podemos extraer es que ante una amenaza así, la moral queda relegada a un segundo plano y la Naturaleza nos acerca más a la animalidad, de acuerdo con la cual, un solo macho, normalmente el más fuerte, puede fecundar a varias hembras. Es decir, que se impone la poligamia forzosa, la poligamia matemática.

Este hecho, que podría hacer feliz a más de uno, en realidad es tremendamente luctuoso para el género masculino desde el día en que se inventó la fecundación in vitro. ¡Por desgracia, ellas ya no nos necesitan!