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domingo, 20 de septiembre de 2020

2020: CAMBIO DE CICLO HISTÓRICO

 


Todos aceptamos que el siglo XXI comenzó con la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, ese hecho iba a marcar una forma de vivir y relacionarnos que a fin de cuentas sería el emblema de un nuevo siglo.

Quizá a estas alturas, todavía hay personas que, haciendo un alarde superlativo de falta de perspectiva y mirada de corto alcance, piensan que vamos a superar esta pandemia y todo volverá a ser como antes. Parece que la venda de la cotidianidad les nubla la mirada y no son capaces de ver más allá del siguiente partido de liga, de la siguiente quedada con amigos, el curro, o el próximo destino vacacional. Y por supuesto que superaremos la pandemia y el coronavirus quedará atrás pero el impacto y el salto evolutivo que ha producido y está produciendo el bichito perdurará. Ha aparecido para quedarse y para volver a imprimir el marchamo de un nuevo ciclo histórico. Quien no lo quiera ver es porque no levanta la mirada del suelo.

Sin pretender ejercer de iluminado, si me gustaría plasmar aquí algunas reflexiones que me saltan a la vista en este 2020. Nada más ponerme a escribir, me doy cuenta de que reflejar las implicaciones de la COVID19 en una entrada de mi blog es claramente un objetivo tan ambicioso como inabarcable. Aun así, daré unas pinceladas que me permitan esbozar las preocupaciones y desvelos que bullen dentro de mí.

Con la intención de empezar a construir un armazón estructural que soporte las ideas que aquí quiero plasmar, voy a dividir las implicaciones en 2 tipos: las individuales y las sociales.

Implicaciones individuales.

 - La primera ha sido impuesta por la amenaza sanitaria de la pandemia, así como un bofetón con la mano abierta y sin anestesia. Se trata del distanciamiento físico, que no social. El contacto físico, la presencia de tus congéneres rodeándote, el cara a cara, el roce, la palmada, el chorro de voz espetado en la cara, las palabras gruesas, el lenguaje no verbal, la sonrisa, todo esto se ha convertido en un lujo que las personas del siglo XXI no pueden permitirse. Ya nos podemos ir olvidando de la atención presencial al público, es decir, de la compra en el pequeño comercio, de ese gestor del banco que “vela” por tus ahorros y acabas sintiéndolo casi como un amigo que te da buenos consejos, de la voz humana al otro lado del teléfono cuando reportamos una avería o del médico de familia, toda una institución, que acompaña a las familias en sus problemas de salud. Esto quizá para los japoneses sea más llevadero, pero a los habitantes del Mediterráneo o más ampliamente a los habitantes del Sur nos revienta directamente la línea de flotación. Nosotros somos personas que amasamos nuestro discurso junto con las emociones que sentimos de manera que nuestra comunicación necesita de algo más que palabras para poder transmitir lo que sentimos. Si os habéis fijado cuando entablamos conversación en la calle con las mascarillas puestas y el distanciamiento parece que hablemos por Skype, parece que lo que tengamos delante sea una imagen de la persona y no la persona misma. Pues señores, esto es lo que hay, se acabaron las intersecciones de las esferas personales y los cuerpos vibrando al unísono.

- Teletrabajo. Esto es algo que las empresas jóvenes y dinámicas como las startups veían como un alivio al no tener que soportar el peso de unas infraestructuras capaces de alojar a todos los trabajadores pero que, por otro lado, las empresas grandes, consolidadas y sobre todo en manos en empresarios de la vieja escuela veían con mucho recelo. Para estos empresarios carcas, que son los que por cierto mueven toda la pasta del país, se aplica en toda su rotundidad la conocida expresión “el ojo del amo engorda el caballo” y ven eso del teletrabajo como una manera estupenda para que el trabajador se escaquee. Sin embargo, esta pandemia ha acelerado el cambio que posiblemente se hubiera producido al cesar en sus cargos esa generación de empresarios viejos y les ha obligado a ir acostumbrándose por narices a dejar lo del relojito de fichar y a trabajar por objetivos, ¡qué los trabajadores de oficina no están en una cadena de producción de tornillos, por favor!

- La vuelta al entorno rural. Y por otro lado, una de las maravillosas consecuencias de la posibilidad de teletrabajar es el retorno a la España vaciada, al contacto con la naturaleza abandonando el apiñamiento insano y contaminante de las grandes ciudades. Señores qué en España tenemos miles de Km2 llenos de Naturaleza y de vida para poder respirar un aire de calidad y comer sano con productos de km 0. Esto es una delicia, puedes elegir mar o montaña y criar a tus hijos en un entorno seguro y saludable sin transformarte en un Robinson Crusoe, es decir, en contacto con el pulso del mundo.

- Sentimiento de solidaridad. Otro de los efectos que debería haber producido esta pandemia es el crecimiento de la empatía y la solidaridad. Sólo las mentes cafres, mejor no doy ejemplos, no se dan cuenta de que ante los problemas importantes todos somos iguales. Por ejemplo, esta pandemia no entiende de fronteras, ni de estatus sociales, ni de comunidades autónomas, ni de países y paisitos, ni de soluciones locales. Esta pandemia, como todos los problemas globales que nos afectan, requieren de una verdadera globalización del entendimiento. Basta ya del espectáculo lamentable de la OMS, de la UE, de USA, Rusia, China, etc… Necesitamos soluciones supranacionales, que serán tomadas por organizaciones legales o poderes ocultos supranacionales, se acabó lo de las fronteritas y yo en mi casita hago lo que quiero. Esta visión es únicamente propia de cobardes proteccionistas, individualistas y sobre todo muy egoístas.

- Valoración de la salud por encima del estatus económico. Siempre hemos dicho que la salud es más importante que el dinero, pero creo que esta pandemia nos ha recordado que eso es justamente así. Por tanto, se ha producido un recalibrado de la escala de valores. Ya no se trata de trabajar sin parar para tener el mayor dinero posible y comprar muchas cosas para regocijarnos en el hedonismo como única recompensa vital. Ahora, valoramos más el estar sanos, el estar vivos y el tener la oportunidad de hacer lo que se hace cuando uno está bien de salud y vive en plenitud.

Implicaciones sociales.

- Desplazamiento del foco de poder hacía organizaciones supranacionales, privadas o públicas, visibles u ocultas. Aquellos que todavía a estas horas se preguntan qué nación saldrá victoriosa de esta crisis es que no entienden nada, desde mi punto de vista. Señores, se acabaron los paisitos y los paisotes. Los que mueven los hilos actualmente ya no son los países, sino organizaciones con más poder que los países que, por tanto, gozan de bastante impunidad ya que su ámbito de actuación supera las fronteras y las jurisdicciones delimitadas por esas fronteras y que se lo están llevando crudo: Soros, Bill Gates, Bildelberg y otros muchos lobos disfrazados de corderitos. Son magos de la propaganda que usan el maravilloso instrumento de las redes sociales para generar estados de opinión y espejismos democráticos para ir conduciendo al rebaño mundial hacia los corrales de su gusto. Y en el epígrafe de las redes sociales meto también a los medios de comunicación, totalmente apesebrados y con la rodilla hincada, incapaces de denunciar nada, no sea que les cierren el chiringuito. El periodismo tiene que ser disidente porque si no ya no es periodismo, son sólo relaciones públicas, y la frase no es mía sino de Orwell, autor de la novela distópica 1984.

- Siglo XXI, el siglo de la ética. El siglo XXI está lleno de grandes retos, avances tecnológicos y desafíos morales que van a necesitar una respuesta ética universal y humanista. Estoy hablando, por tanto, de un salto evolutivo en la conciencia de la humanidad. Desde mi punto de vista, hay que dar carpetazo ya a esta crisis de paradigma, de ideas, de ideología que ha caracterizado a la postmodenidad y entrar en una nueva etapa de la conciencia humana que ponga los pilares sobre los que se desarrollará la civilización de mañana próximo. Hay que levantar la vista de la televisión, del partido de fútbol de turno, de las pantallitas de los móviles y videoconsolas de juegos y pensar un poco como queremos que sea nuestro futuro. Está claro que para hacer este cambio se requieren grandes líderes de pensamiento y que sus ideas puedan ser traducidas en términos políticos y sociales que nos lleven a otros modelos de sociedad. El comunismo ya colapsó en el siglo XX pero ahora estamos viendo como el capitalismo también colapsa. Qué mierda de sociedad capitalista tenemos que los jóvenes no pueden ni comprarse un piso, ni alquilarlo por muy preparados que estén, es decir, no tienen futuro. Qué mierda de sociedad tenemos si nos dicen que el ejemplo a seguir son los chinos que son muy competitivos porque no paran de trabajar nunca bajo un régimen dictatorial. Qué mierda de sociedad tenemos cuando la sociedad se ha fracturado en 2 grupos separados por un abismo, los muy pobres y los muy ricos. Me parece que el capitalismo empieza a dar grandes resbalones.

- Y si como he dicho los estados-nación van perdiendo fuelle en esta nueva etapa, yo creo que el peso del desarrollo vital debe caer en manos del individuo. Todos de manera individual deberíamos ser responsables de nuestra educación, de nuestro autoconocimiento, de nuestro respeto por el entorno, de nuestra salud. Sí, estoy hablando de libertad individual, de no dejar que otros piensen por nosotros, de tener cuidado con las palabras aduladoras que tanto nos gustan para calmar nuestro sesgo de confirmación. En definitiva, de transformarnos en libre-pensadores.

Bueno, llegados a este punto, me doy cuenta del inmenso pantano en el que me he metido y que supera con muy mucho las humildes aspiraciones de este blog. Esto da para escribir no un libro sino muchos libros que doy por seguro, serán escritos cuando se analice la pandemia de la COVID19 y como cambió el siglo XXI desde entonces.

¡Tenemos trabajo como sociedad, señores!

jueves, 16 de abril de 2020

Muchas grandes libres



La vida en el planeta es una lucha continua de adaptación al entorno para poder aprovechar al máximo los recursos que nos brinda la Naturaleza. Lo seres humanos que habitamos este planeta nos encontramos segregados en función de una serie de rasgos culturales que definen nuestra manera de ver la vida. Y esa segregación cultural se ha traducido en fronteras políticas que constituyen los estados.
Sin embargo, nuestros problemas son los mismos en todo el globo y nuestras armas para resolverlos también. Así que, podríamos considerar que los nacionalismos excluyentes, antagónicos y contrapuestos no ayudan a nuestra vida en la Tierra.
Si nos esforzamos en ahondar en nuestras diferencias, lo único que estamos haciendo es debilitar nuestra fuerza como especie que vive y habita un determinado espacio físico.  Entonces, ¿por qué hay personas que anteponen su sentimiento identitario de pertenencia a un grupo reducido como única forma de entender la realidad? La respuesta es el miedo.
Si yo comparto con un grupo de personas una forma de ver la vida y me siento protegido dentro del modelo que nos hemos construido, ¿cómo pretendes que abandone esa seguridad para intentar entenderte? Antes de cambiar mi estado mental, intentaré por todos los medios que tú aceptes el mío. Y cuando digo “por todos los medios” me refiero principalmente a hostias, es decir, mediante la dominación física, ya que por la confrontación de ideas es prácticamente imposible que el ser humano acepte una derrota dialéctica.
Pero voy al mensaje que quiero transmitir. Cuando aparece una amenaza real, seria, que no entiende de fronteras dibujadas en mapas, entonces se obra el milagro y todas esas diferencias que hemos estado ahondando durante años son alisadas en pocos días y nos damos cuenta de que la lengua, las tradiciones, la religión, las manifestaciones culturales son solo una costra superficial que es arrancada rápidamente para dejarnos completamente desnudos e “iguales”. Es decir, una amenaza seria nos devuelve de golpe al plano de la realidad, de lo realmente importante y borra de un plumazo todo el folklore antagónico y desleal que hemos ido construyendo con los años.
Yendo al caso de España, yo tengo totalmente claro que las personas que habitamos la península NO SOMOS DIFERENTES. Todos venimos de una rica argamasa que ha sido fermentada a lo largo de siglos de historia y ha constituido un todo, eso sí, muy rico en expresiones culturales. Pero señores no utilicemos esa riqueza cultural para imaginarnos diferencias que no existen, no usemos las sevillanas, las sardanas y las jotas para tirarnos los trastos a la cabeza sino para alegarnos de ser un pueblo con una riqueza cultural que ya quisieran otros. No intentemos borrar de nuestra alma una parte de nosotros porque “según dicen algunos señores cortos de miras” esa parte nos viene impuesta, no es natural y propia nuestra. Para que quede claro, ¿qué sentido tiene que un catalán hable mal castellano a propósito y se vanaglorie de lo mal que lo habla? El catalán es la lengua nativa de los catalanes pero también lo es el castellano porque como son personas inteligentes pueden ser perfectamente bilingües y hasta plurilingües. La inmensa mayoría de los catalanes, de los vascos y de los gallegos y hasta de los andaluces hablan PERFECTAMENTE el castellano. ¿No es ser un poco borrico hacer el intento de BORRAR de su mente ese castellano que hablan tan bien?
Y eso de que un catalán no piensa como un andaluz, ¿tiene algún sentido? ¿Por qué no se lo preguntamos a catalanes hasta la médula que tienen apellidos como Huerta, Serna, Ruíz,  o Toledo? Volvemos enseguida a la patochada de los ocho apellidos vascos o catalanes. Y aquí como emblema de una palurdez desafiante se encuentran los términos charnego o maqueto, usados por aquellos que ven la riqueza de las señas de identidad como una afrenta.
¿Existe el derecho de autodeterminación para un territorio y unas gentes que forman parte de la esencia misma del cuerpo del que se quieren separar? ¿Han sido Cataluña, Galicia o el País Vasco conquistados y sometidos y humillados por España? ¿O son Cataluña, el País Vasco, Galicia, Castilla, León, etc… el germen del nacimiento de España? Quizá si lo aplicamos a la Unión Europea, se entienda mejor. El formar parte de la Unión Europea, ¿responde a que la Unión Europea nos ha conquistado y nos ha dominado? o por el contrario, ¿la unión de los países, como las piezas de un puzzle ha creado un ente político mayor que tiene más fuerza y más capacidad? Es cierto, que Gran Bretaña ha decidido, no sin dolor, salir de la Unión, pero ¿formó Gran Bretaña parte alguna vez de la unión política de Europa?
He traído este tema a colación, precisamente ahora, porque la epidemia que asola el mundo y la reacción de los españoles apoya contundentemente mi punto de vista. Todos nos hemos alineado con la terrible realidad que nos asola, todos hemos dado una respuesta conjunta, y no me refiero a los políticos, sino a las gentes de España. Todos los profesionales que con su esfuerzo diario luchan contra la enfermedad constituyen un todo uniforme y el resto de personas, excepto algún insolidario, hemos hecho lo que nos correspondía hacer en un momento tan duro como este. Así que no tengo que gastar más palabras para demostrar que cuando bajamos de las nubes independentistas a la realidad de la tierra que pisamos, las gentes de todo el PAIS responden con los dos valores que para mí son clave: RESPETO MUTUO Y SOLIDARIDAD.
¡Qué gracia hace ver ahora a los independentistas como Torra haciéndose la picha un lio con el ejército en sus calles! Un día dicen que no les gusta y el siguiente que el ejercito lo pagamos todos los catalanes. Y los Urkullu y los Rufianes diciendo cosas que nadie escucha, las mascarillas que llevamos también nos protegen de sus tonterías.
Los mismos valores de RESPETO MUTUO Y SOLIDARIDAD se han extendido por todo el planeta y han retratado muy clarito a los gilipollas cortos de miras que no ven más allá de donde llega su ego: Trump, BoJo, Bolsorano, Cobrador, y unos cuantos más…
Resumiendo, el COVID19 no tiene nada de bueno, pero si tuviera que forzosamente decir algo, sería el baño de realidad que ha destapado a todos los gilipollas y sus gilipolleces que enredan cada día este mundo en el que vivimos. Ahora, ya sabemos a qué atenernos.

domingo, 12 de abril de 2020

Una historia de lobos, ovejas y tiburones



La existencia de miedos ancestrales a las epidemias explica que sea fácil manipular a la población respecto a las enfermedades infecciosas, como bien demuestra el caso de la "pandemia de gripe A” (gripe aviar H5N1 y posterior gripe porcina H1N1). Durante esas pandemias, los medios de comunicación de masas utilizaron un lenguaje militar atemorizante que llevó a la población a exigir medidas de combate para defenderse ante el "ataque".
Empezando por el principio, entre 1990 y 1995, a partir del anís estrellado, se desarrolló el oseltamivir por Gilead, empresa de Estados Unidos que lo patentó en 1996.
Al año siguiente Donald H. Rumsfeld, que ya era accionista de la empresa, fue nombrado Presidente del Consejo de Gilead Sciences, donde ejerció hasta principios de 2001, cuando se convirtió en el Ministro de Defensa (cargo que ocupaba por segunda vez) de la administración Bush.
En 1996, Gilead Sciences vendió por 50 millones de dólares los derechos de explotación comercial a Roche (empresa Suiza) la que a su vez lo puso en el mercado con la denominación de Tamiflu.
Gilead Sciences Inc. firmó contratos hasta 2016, según los cuales Roche le proporciona el 10% de los beneficios de la comercialización de Tamiflu.
La FDA también aprobó la comercialización de Tamiflu en 1999, con ensayos clínicos que habrían probado la disminución de la duración del cuadro gripal pero que arrojaban un dudoso impacto sobre las complicaciones y muertes.
De hecho, hasta la oportuna llegada de las supuestas epidemias de gripe aviar, Tamiflu se vendía tan poco que se pensó incluso en retirarlo del mercado.

Gripe Aviar

Luego vinieron el Síndrome Respiratorio Agudo (SARS), la gripe aviar (virus H5N1), ..., y todo se arregló.
No en vano en 2005, Fortune Magazine describió a Gilead como una de las empresas del sector de la industria biotecnológica más conectadas políticamente. Los sucesos siguientes demostraron lo acertado de su apreciación.
En agosto de 2005, un comunicado de la OMS informó que Roche donaba a la comunidad internacional 3 millones de tratamientos de Tamiflu para su uso en la lucha contra la gripe aviar de los países pobres.
No sabemos si Roche hizo otra "donación" a la OMS para que ésta añadiese en su comunicado el siguiente aval a la eficacia del medicamento: "En una pandemia, si se combina con otras medidas, la administración de Tamiflu podría ayudar a reducir las enfermedades y muertes y contener la explosión del virus o enlentecer su propagación". Por si fuera poco, la OMS recomendó a todos los países que almacenaran reservas de antivirales como Tamiflu.
Esta hábil operación de marketing, que combinaba una caridad interesada con una promoción de su dudosa eficacia, hizo que Tamiflu, de ser un medicamento a punto de retirarse, se convirtiera en un medicamento estrella.
Simultáneamente a esta propaganda se desarrolló una campaña de terrorismo mediático que tenía su epicentro en Estados Unidos. El gobierno de Bush en otoño de 2005 sembró el pánico, y afirmaba que “un mínimo de 200.000 personas morirá de la Pandemia de la Gripe Aviar pero que estas cifras podrían llegar, en el peor caso, a ser como de 2 millones de muertes, sólo en los Estados Unidos”.
La campaña de miedo justificó la compra masiva de 80 millones de dosis de Tamiflu. Los Estados Unidos habían colocado un pedido de 20 millones de dosis a 100 dólares la unidad, por un total de 2 billones de dólares.
Donald H. Rumsfeld, Secretario de Defensa, encargó comprar Tamiflu por valor de 1.000 millones de dólares para inyectárselo al personal militar de los EE UU desplegados en todo el mundo, por "precaución", aunque se demostró que Tamiflu no era ningún antídoto para el virus H5N1.
Además, el precio de Tamiflu subió de unos 40€ en 1999 (fecha en que Roche lo sacó al mercado) a 377€ en 2005.
También fue un excelente negocio para Gilead. Según la revista Fortune: "Con el temor de una pandemia, las acciones de Gilead en 6 meses aumentaron de 35 a 47 dólares"
El fulgurante ascenso de las ventas de Tamiflu produjo millones de dólares para Roche, para Gilead y para sus accionistas como Donald Rumsfeld. La revista financiera USA Fortune reveló que Rumsfeld era el afortunado propietario de al menos 5 millones de dólares de acciones de Gilead Sciences. Inmediatamente después de la publicación del artículo en Fortune, Rumsfeld dijo que nunca había considerado la venta de sus acciones a principios de ese año (2005), cuando la cuestión de una posible pandemia comenzó a surgir. Fortune también reveló que el ex Secretario de Estado, George Schultz, estaba en el consejo de administración de Gilead, y que no tuvo los reparos de Rumsfeld. Vendió $ 7 millones de acciones desde principios de 2005. Pero lo cierto es que fue un excelente negocio para ambos, puesto que las acciones de Gilead subieron en un 700 % en las semanas siguientes y Donald Rumsfeld se embolsó unos cinco millones de dólares.
Sesenta naciones lo compraron para garantizar reservas en caso de epidemia, las farmacias fueron prácticamente asaltadas por los ciudadanos sumidos en la paranoia antiaviar.
En marzo de 2005 Tony Blair ordenó al Gobierno del Reino Unido que comprara suficiente cantidad del medicamento Tamiflu como para abastecer al 25% de los 56 millones de ciudadanos británicos.
Alemania: en junio de 2005 compró a Roche 150 millones de Euros de Tamiflu (12 millones de tratamientos).
España: a mediados de 2006 compró un millón trescientos mil Euros de Tamiflu (116.000 tratamientos).
Las fábricas de Roche se pusieron a trabajar 24 horas al día. Desde 2004 hasta finales de 2006, la producción se multiplicó por 10.
En 2005, las ventas de Tamiflu eran ya superiores a mil millones de euros. La producción de drogas prevista para 2007 era de 300 millones de dosis.
Así que Roche se forró incrementando la producción de Tamiflú en 2005, después de que se desatara la campaña terrorista según la cual en los países asiáticos había una epidemia de gripe aviar.
Finalmente la terrible y mortal cepa de gripe aviar, que hizo temblar a todo el mundo, no fue para tanto pero el gasto ya estaba hecho.

Gripe Porcina

A pesar de la falta de eficacia contra el virus de la gripe aviar H5N1, en 2009 el fármaco Tamiflu vuelve a protagonizar el escenario de la nueva epidemia de gripe porcina (virus H1N1). No sólo está siendo impulsado por la Organización Mundial de la Salud, sino también por los Institutos Nacionales de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos como el medicamento número uno de elección para la gripe.
Exactamente igual que hizo Bush con la gripe aviar, el Presidente Obama solicitó al Congreso un financiamiento complementario de 1,5 mil millones de dólares para enfrentar la crisis de la gripe porcina.
Inmediatamente Roche dijo que tenía disponible 3 millones de dosis de Tamiflu y que podía fabricar 400 millones de dosis al año.
Desde el comienzo de la supuesta epidemia, comenzó la paranoia de acumular stocks de Tamiflu exactamente igual que sucedió con la gripe del pollo.
México tenía 1 millón de dosis, lo que significa que para un país de 100 millones de habitantes, sólo había para el 1% de la población y que había que comprar más.
Estados Unidos tenía 50 millones, con lo que cubriría algo así como un 16.66% de su población.
El gobierno suizo anunció que compraría 2 millones para proteger al 25% de su población; igual que Portugal.
El Reino Unido, que ya tenía 35 millones, anunció que aumentaría su reserva a 50 millones.
España tenía 10 millones de dosis. Tan sólo Andalucía, la comunidad más poblada, tenía 1,7 millones, lo cual cubre el 20% de su población; igual que Aragón: 250 mil unidades para el 20% de la población.
Gracias a este nuevo fraude, Gilead y Roche vuelven a forrarse como lo hicieron con la gripe del pollo.
Aumento del precio de las acciones de Gilead en el New York Stock Exchange (NYSE) tras declararse la epidemia de gripe porcina: de 45.000 millones el día 23/04/2009 a más de 48.000 millones el 28/04/2009.

Sólo con el anuncio de la nueva epidemia en México, las acciones de Gilead subieron el 3%, las de Roche un 4%, y las de Glaxo el 6%.

En los 7 primeros días hábiles de bolsa que ha habido desde la irrupción de la gripe, la cotización de Roche subió un 7,1%, lo que significa que ahora vale 5.856 millones más o que ha atraído inversiones por esa cantidad. GlaxoSmithKline, en esos 7 días ha aumentado su valor un 4,5%, en total, 2.996 millones de euros.

Evolución histórica de las acciones de Gilead



La subida del 2015 parece que fue debida al lanzamiento de dos nuevos medicamentos, Sovaldi y Harvoni, que tienen como objetivo curar la hepatitis C.

COVID-19
Y señores, ¡lo vuelven a hacer! Ahora con su antiviral remdesivir.



Eso sí, como siempre por caridad humana, ja, ja, ja.

La gran diferencia del COVID-19 con respecto a las gripes aviar (H5NI) y porcina (H1N1) es que ahora sí que necesitamos algo que funcione porque realmente está muriendo gente. Así que no creo que les funcione de nuevo el truco del tocomocho puesto que remdesivir tendrá que demostrar que es realmente eficaz en dura liza contra otros abordajes terapéuticos.
En este caso no nos podemos permitir la propaganda para que unos cuantos tiburones se hagan multimillonarios porque la realidad es lo suficientemente dura como para que el vencedor se lleve algo más que dinero.

martes, 7 de abril de 2020

Cuando el náufrago de la isla desierta fue rescatado



En este 2020, una parte importante de los ciudadanos del mundo hemos sido deportados a nuestra isla desierta particular. No se han admitido excusas y las fuerzas del orden nos han acompañado, casi a punta de pistola, hacia un retiro forzoso en nuestra isla familiar.
Pero no todas las islas son iguales. Unos se han ocupado de tener grandes islas, con mucha extensión, pero bastante desiertas. Otros, sin embargo, tienen islas más pequeñas pero llenas de cosas.
En nuestra isla hemos comprado tranquilidad y mucho tiempo a cambio de experiencia vivencial, que es lo que hemos pagado. Nuestra isla es como volver al vientre materno durante una temporada, protegidos de la hostilidad exterior y preparándonos para volver a nacer algún día, no tan lejano.
Ante esta coyuntura, muchos nos hemos preguntado ¿y qué me llevo yo a una isla desierta?¿recordáis las clásicas respuestas? Un libro, un mechero para hacer fuego, una cuerda, un sombrero, una tienda de campaña….
Pues no, esos objetos no han sido los que el ciudadano del siglo XXI se llevaría a una isla desierta. Basándome en datos objetivos puedo decir que el humano actual se llevaría papel higiénico a una isla desierta situando sus máximas aspiraciones en mantener el culo limpio, que podría interpretarse benévolamente, como el deseo de mantenerse sano. En definitiva, necesidades básicas.
Al cabo de unos días, ha pasado un barco de suministros por las distintas islas preguntando que deseaban sus habitantes. Estos habitantes ya habían descubierto que las hojas de palmera servían para tener el culo limpio, así que lo que han pedido en masa ha sido cerveza y chocolate (excepto USA que ha pedido armas) para reavivar el fuego de las recompensas mentales y empezar a velar por la salud mental.
Por otro lado, algunos habitantes de las islas, los menos capaces de realizar introversión y vida contemplativa, han empezado a intentar comunicarse con las otras islas mediante diversos medios, señales de humo, mensajes en una botella, aplausos, música a las 8, tambores lejanos. Vamos, toda una serie de creativas maneras de romper la soledad de la isla que, por otro lado, es una de las condiciones que definen el vivir en una isla.
Otra vez ha pasado el barco de suministros por las islas y en esta ocasión el producto estrella ha sido el whisky. Bebida que demostraba a las claras que los habitantes de las islas habían decidido evadirse de la realidad, es decir, deprimir su nivel de conciencia para que el tan preciado tiempo que habían comprado al entrar en la isla pasara rápido sin sacar de él el más mínimo provecho.
Al pasar el tiempo, algunos ciudadanos más optimistas nos hemos dado cuenta de que pensar en qué haremos cuando podamos salir de la isla es una droga aún más fuerte que el alcohol para poder soportar el encierro. Pues eso, ¿habéis pensado ya qué haréis cuando podamos salir de casa sin necesidad de sacar al perro, ir a la farmacia, o ir a comprar alimentos?
¿Qué es lo primero que haréis una vez rescatados de la isla desierta? ¿Ir al cine, a un bar, ver a la familia que había quedado atrapada en otras islas? Yo personalmente pienso en echarme al monte y perderme por el bosque durante varias horas.
Y, sin embargo, ya intuís que no funciona así. No va a haber un botón de on/off que resetee la realidad y elimine ese programa que se había quedado colgado. Vamos a estar obligados a seguir protegiéndonos, a evitar en la medida de lo posible el contacto social, a no darnos la mano, ni abrazos, ni besos y a evitar al animal más peligroso en esta crisis, el humano. Así como, a pagar la astronómica factura económica de este retiro espiritual forzoso.
Por tanto, no se trata de buscar en el exterior el lugar al que iremos cuando acabe el confinamiento sino de buscar en nuestro interior. De morir para volver a nacer, dejando en la isla desierta la persona que éramos para salir a una nueva realidad, ya cambiada para siempre como personas nuevas que han aprovechado el encierro forzoso como una catarsis renovadora. Y diré más, no se trata de que cada uno de nosotros nos vayamos a un lugar diferente sino de que todos suframos una epifanía conjunta y solidaria que nos haga más fuertes y más sabios para construir una nueva sociedad.

domingo, 5 de abril de 2020

Lo que no me mata me hace más noble



Coincido contigo Lluís y yo creo que en mi entrada vengo a decir que nuestra altura ética está muy por debajo de lo que sería deseable para enfrentar los grandes problemas que asolan o acechan a la raza humana. El hecho, triste y constatado, de estar viviendo una época de crisis, de ausencia de ideales, hace que los seres humanos nos movamos como peonzas borrachas que solo buscan satisfacer sus necesidades más carnales y banales. Luchamos con un heroísmo inefable, intentamos dominar una pandemia mortífera, gastamos miles de millones de euros, sacudimos la vida humana en todo el planeta aparentemente por poder volver a tomarnos una caña con el amigo, ir al chiringuito de la playa en verano, ir al cine, o seguir consumiendo la droga materialista que nos satisface los fines de semana. Y yo me pregunto, ¿vale la pena toda esta lucha titánica sólo por recuperar eso? ¿El hostión no es suficiente para pararnos a pensar un poquito y reflexionar si realmente queremos volver a lo de antes del COVID19? ¿Vamos a dejar pasar esta crisis sin obtener ninguna lección de vida? ¿Sin dar un paso hacía un nivel tan solo un poco más elevado? Cuando todo esto pase, ¿ya no recordaremos la solidaridad que ha surgido en nuestras calles durante estos días de zozobra?, ¿no recordaremos los aplausos a los sanitarios y a todos los profesionales que han continuado trabajando para que el país no colapse?, ¿no recordaremos que cuando vienen mal dadas, el Barça-Madrid es una pura anécdota sin importancia? O sea, ¿me queréis decir que todo este coste en vidas humanas, en familias sin ingresos, en destrucción de la sociedad del bienestar, no va a tener ninguna lectura enriquecedora que nos haga ser un poquito mejores? Pues francamente, ¡qué desilusión! ¿Qué necesitamos para salir de esta etapa desalmada y entrar en el siguiente escalón espiritual humano?, ¿la tercera guerra mundial?
Me niego a creer que situaciones como esta no sirvan mínimamente de acicate para replantearnos si es esto lo que queremos en la vida. No digo que se produzca una transformación radical post coronavirus pero sí que esta sea una piedra más en la construcción de un nuevo orden social.
El atentado de las Torres Gemelas y el yihadismo, la crisis financiera del 2008, la crisis sanitaria del COVID-19, el desarrollo imparable de la tecnología, el innegable impacto del ser humano en el entorno natural del planeta, son los ladrillos para la construcción de una nueva humanidad, que necesariamente ha de ser mejor porque si no lo es, el resultado de la ecuación es sencillo: ¡EXTINCIÓN!
La historia ha demostrado que quizá somos la especie con mayor capacidad de adaptación al medio que existe sobre el planeta Tierra, por tanto, por qué he de pensar que ahora no es así. Y por eso creo que en la segunda mitad del S. XXI, nuestros hijos verán el advenimiento de un nuevo ordenamiento social y abandonaremos ya, por fin, esta etapa individualista, sin ideales colectivos, en la que el ser humano se levanta por las mañanas con el único fin de cubrir sus insignificantes necesidades orgánicas y orgásmicas.

domingo, 15 de marzo de 2020

Virus



Seguro que estos días muchos os habéis preguntado por qué existen los virus en la naturaleza. Yo lo he hecho y en una primera impresión he pensado ¿por qué la naturaleza permite la existencia de organismos dañinos?
Desde un punto de vista humano, todos tenemos en mente la benevolencia de la madre naturaleza, que es siempre buena con todas las criaturas que viven y cohabitan en el planeta Tierra. Pero vamos a desprendernos de ese punto de vista humano, a ver qué pasa.
Para empezar los virus no son seres vivos ya que no pueden reproducirse por sí solos, son una especie de maquinario biológico, de experimento de la naturaleza que quedó por terminar o quizá más bien el resultado de la evolución de algún tipo de célula u orgánulo. Entonces cuando nos despojamos de este punto de vista humano, vemos que la naturaleza y la evolución no van necesariamente a favor de obra, entendiendo la obra como la causa humana.
El driver evolutivo engloba el ecosistema terrestre al completo, es decir, la vida busca perpetuarse en el planeta manteniendo siempre el equilibrio entre las distintas especies y autoregulándose en función de los recursos existentes y siempre a través de la interrelación entre todas las piezas biológicas.
Ahora que ya nos hemos despojado de nuestra visión narcisista tan humana, nos damos cuenta de cómo estos días en los que la especie humana está siendo azotada por el COVID19, el planeta está respirando, la atmósfera se está recuperando y Gaia está buscando el equilibrio. Cuando los científicos liberen y analicen la enorme cantidad de datos que seguro se están recopilando acerca de la atmósfera, la temperatura en superficie, etc… comprenderemos como COVID19 no es más que un mecanismo de regulación. Y aunque parece un mecanismo de regulación indiscriminado, podría llegar casi a mostrar signos de inteligencia con la eliminación de determinados humanos concretos (con nombres y apellidos) que acumulan mucho poder y le hacen mucho daño a la vida en el planeta.
Reflexionad un momento, ¿a quién afectan los virus? ¿al lince ibérico? ¿a los koalas? o ¿afectan más bien a las especies que se han desmadrado y están empezando a romper el equilibrio del ecosistema global? Ahí tenéis la respuesta, la naturaleza usa estas cadenas de ADN, los virus, como herramientas de control, para asegurar que la vida en el planeta tiene las máximas posibilidades de perpetuarse.
Esto me lleva a la siguiente reflexión obvia. La raza humana se mueve en la actualidad en unos parámetros que no favorecen la vida en el planeta, está expoliando insolidariamente todos los recursos y está llevando al ecosistema global hacia el colapso. Ahora estamos poniendo toda nuestra inteligencia y todas nuestras capacidades para protegernos como especie y seguramente venceremos al COVID19 pero eso será para la Tierra una mala noticia, le habrá fallado su mecanismo de control y la especie sobredimensionada seguirá depredando el planeta hasta llevarlo a su colapso. Aún así, Gaia lo intentará más veces, intentará libarse de nosotros o al menos tenernos controlados por todos los medios. Incluso puede que pida ayuda al Universo y el cataclismo humano se produzca por causas externas a la Tierra.
Yo soy humano y por tanto quiero vivir. Así que mi deseo es superar esta crisis sanitaria, y todas las que vengan en el futuro e incluso ser capaz de dar el salto a otro planeta para seguir creando ecosistemas de los que formemos parte. También sé que cuanto más enfademos a Gaia, más intentará librarse de nosotros y favorecer que otras especies más cooperativas y benévolas para el ecosistema proliferen en la Tierra.
¡Perdónanos Gaia una vez más y líbranos del COVID19! Quizá las generaciones milenarias sean más consideradas con el hábitat que nos ofreces.

sábado, 14 de marzo de 2020

Papel Higiénico



Desde que la especie homo es hombre, siempre ha sentido la necesidad de expresarse sobre soportes sólidos para transmitir información “en diferido”, es decir, cuando el receptor no está presente en el momento en el que se produce el mensaje. Ejemplos que ilustran este sentimiento irrefrenable los encontramos ya desde el paleolítico, edad en la que ni siquiera éramos sedentarios, como en nuestras queridas y espectaculares cuevas de Altamira.
Conceptualmente se produjo un gran avance cuando ese soporte sólido se pudo transportar y llevar así el mensaje al receptor y no al revés, es decir, las cuevas no se podían transportar y era el receptor quien tenía que acercarse para recibir el mensaje. Los primeros soportes físicos de la escritura aparecieron allá por el 3400 a.C y estuvieron constituidos a lo largo de la historia por arcilla, huesos, maderas, tablillas de cera, piedras o metales.
El siguiente salto evolutivo se produjo con el uso de papiro por parte de los egipcios sobre el siglo IV a.C. En este caso, se trataba de un material mucho más liviano que permitía ser usado como soporte de la escritura, es decir, del conocimiento pero que en realidad estaba sólo al alcance de unos pocos privilegiados, no en vano el origen etimológico de la palabra “papiro” procede del antiguo término egipcio, que significa 'flor del rey', pues su elaboración era monopolio real.
Siguiente salto, que es en realidad un perfeccionamiento del anterior allá por el año 150 a.C., el pergamino. Se trata de un material hecho a partir de la piel de cordero o de otros animales que se desarrolló en la ciudad de Pérgamo. El pergamino acabó sustituyendo al papiro por sus ventajas materiales, por ser un soporte más fácil de conseguir que el papiro, mucho más duradero​ y de mejor calidad. Ya podíamos escribir libros, libros que iban a contener la información más sagrada y más importante de la humanidad. Pero se requería un escriba, una persona, generalmente monjes, que fuera copiando lentamente los textos sobre el soporte sólido y esto de nuevo hacía bastante restringido el acceso a la información.
Y por fin llegó nuestro material rey, la perfección hecha objeto, el soporte sólido ideal, el papel. La tradición atribuye el descubrimiento del papel a Tsi Lun, un oficial del emperador chino de la dinastía Han , en el año 105 d.C. Pero hasta los siglos X y XI no empieza realmente a ser usado en Europa y, con todo, tardará en desplazar al pergamino.
Y así vino el siguiente salto evolutivo, la popularización del saber con el desarrollo de la imprenta por Johannes Gutenberg en el año 1450.
Habíamos alcanzado la perfección en el sistema de registro del conocimiento humano que podía así acumularse, almacenarse en bibliotecas para que la siguientes generaciones siguieran evolucionando intelectualmente a partir de los saberes escritos sobre el papel. El papel era un elemento noble, sobre él se escribían los títulos de propiedad y nobiliarios, los testamentos, los libros sagrados de las distintas religiones y hasta el dinero (que no deja de ser un título de propiedad).
La producción de papel se elevó tanto que ha llegado a amenazar la subsistencia de su fuente de origen, la celulosa que se origina en los bosques del planeta.
Siglo XXI, aparece otro salto evolutivo en el almacenamiento de información, el formato electrónico. Sin duda permite una capacidad de almacenamiento infinitamente superior al papel y una popularización mundial del mensaje y hasta diría extraterrestre. Por tanto, el soporte digital supone la segunda popularización de la sabiduría que ahora está al alcance de todo aquel que tenga electricidad. Y ahí, acabo de señalar su punto débil, este soporte necesita energía, al menos para ser generado-leído y es un soporte físico menos perdurable dada su complejidad técnica (¡la piedra Rosetta todavía  va dando tumbos por ahí!).
Entonces, ¿qué hacemos ahora con el papel? ¿ya no sirve? ¿qué podemos hacer con un elemento tan noble sobre el que hemos depositado hasta las sagradas escrituras? Respuesta, ¡pues limpiarnos el culo!
Seguimos adorando las cualidades del papel, su liviandad, su suavidad. Este polímero de celulosa es realmente delicioso y por eso sería una pena dejarlo sin utilidad, así que usémoslo para limpiarnos el culo.
Siendo benévolo, podría decir que ahora la humanidad ya no lo necesita para almacenar información ya que tenemos ordenadores y discos duros, esa necesidad está cubierta y por tanto, podemos despojar al papel de su nobleza para usarlo en otros menesteres más orgánicos y animalescos. Sin embargo, siendo un poco malpensado, creo que el papel sigue siendo un artículo de primera necesidad, sigue estando en la cúspide de lo humano. Así ha quedado patente estos días ante una amenaza sería como la pandemia del COVID19.
Siempre hemos creído que el intelecto, la capacidad intelectual y el lenguaje, era lo que diferenciaba a los seres humanos de los animales. Para eso necesitábamos el papel como fiel guardián protector de nuestra superioridad mental en el reino animal. Sin embargo, en el siglo XXI y ante situaciones de crisis como el COVID19 se ha puesto de manifiesto que el rasgo diferenciador del ser humano con respecto a los animales es tener el culo limpio, los animales no se limpian el culo, y para eso también usamos el mismo elemento, el papel.
Cuando el ser humano se ha visto amenazado ante una situación que afecta a su supervivencia, ha revelado por fin cual es su verdadero anhelo, qué constituye el vértice de la pirámide de sus necesidades (si Maslow levantara la cabeza). Ante la pregunta de qué te llevarías a una isla desierta, la respuesta del ser humano del siglo XXI está clara, ¡PAPEL HIGIÉNICO!
Así que, ante nuestro poder autodestructivo, auguro un largo provenir al papel pero ahora con otro uso menos noble y más orgánico. Los que no hayáis podido conseguir rollos de papel del váter en la estampida COVI19, no os preocupéis, seguro que en algún rincón olvidado de vuestros hogares todavía atesoráis sesudas y voluminosas enciclopedias con miles de páginas que pueden ser destinadas a este nuevo uso higienizante e incluso, dada la crisis de fe que también caracteriza al ser humano del siglo XXI, creo que el Papa autorizará sin empacho, el uso de la Biblia para salvar a la humanidad limpiando sus corazones y sus traseros.