Henri Becquerel, Marie y Pierre Curie, Ernest Rutheford, James Chadwick, Albert Einstein, Otto Hahn, Fritz Strassmann, Lise Meitner, Enrico Fermi. Todos estos científicos iniciaron hace alrededor de un siglo el camino de la humanidad hacía la energía nuclear impelidos, como todos los hombres y mujeres de ciencia, hacia la comprensión y la dominación de la naturaleza y en particular de las leyes de la materia.
Esta
proeza intelectual planteó desde el principio el clásico dilema del uso
ambivalente de todos los avances científicos, pero con una dimensión y un
calado tan profundo en este caso, que aterroriza en cuanto se tiene la mínima
conciencia del mismo. Y ese es el propósito de este texto: traer ante el
entendimiento que la energía nuclear no es un juego de niños sino un asunto de importancia
planetaria.
Para
abordar este tema deshojando sus distintas dimensiones de una manera didáctica
y estructurada, he decidido organizarlo en torno a dos ejes: la tecnología de
fisión o fusión; y el uso civil o militar.
Empezaré
presentando sucintamente el primero de los ejes.
La
fisión nuclear consiste en el bombardeo con neutrones de un átomo pesado como
el uranio-235 para provocar la división de este núcleo en elementos más ligeros
liberando una enorme cantidad de energía.
Por
otro lado, la fusión nuclear es el proceso inverso a la fisión, es decir, dos
núcleos ligeros se unen para formar uno más pesado. La energía se libera porque
el núcleo resultante tiene menos masa que la suma de la masa de los núcleos
iniciales por separado y, además, el núcleo resultante es más estable: dos
circunstancias que producen la liberación de energía.
Una
vez presentados los dos procesos nucleares de nuestro interés por su capacidad
de producir energía, veremos unas cuantas características diferenciales.
FISIÓN:
f
Se requieren elementos
pesados como el uranio-235 o el plutonio-239.
f
En cuanto al plutonio-239,
se produce de manera artificial a partir de uranio-238. Pero las reservas de
uranio en la Tierra son finitas. Las estimaciones dicen que existen reservas
para unos cien años de explotación.
f
Se trata de una
reacción en cadena que se puede descontrolar si no se usan los moduladores
adecuados. Por tanto, la propia reacción de fisión nuclear viene acompañada de
un comportamiento de riesgo importante.
f
La fisión nuclear
genera cientos de diversos isótopos radiactivos que van a seguir
desintegrándose radiactivamente durante miles de años. Entre los más conocidos,
el yodo-131, cesio-137, estroncio-90, plutonio-239/240. Muchos de estos
isótopos radiactivos serán peligrosos en escalas temporales que superan
ampliamente la horquilla entre el momento en el que comenzamos a usar
herramientas (neolítico) y la actualidad. Esto requiere de la construcción de
cementerios nucleares cuya integridad en periodos tan prolongados no somos
capaces de garantizar.
FUSIÓN:
f
En este caso, se usan
elementos ligeros como los isótopos de hidrógeno deuterio y tritio, así como,
litio, que es necesario para producir tritio.
f
Estos elementos son
muchísimo más abundantes en la Tierra y, por tanto, no serán nunca un elemento
limitante.
f
No se trata de una
reacción en cadena y de hecho se requieren temperaturas elevadísimas para
iniciarla.
f
Produce menos residuos
radiactivos, y además con una vida media más corta. El principal elemento
producido durante la fusión es el helio que no es radiactivo.
f
Es capaz de generar
incluso más energía que la fisión nuclear.
f
En general, la
peligrosidad de la reacción de fusión nuclear es en sí menor.
Desde
los inicios del uso de la energía nuclear, tanto en su versión comercial como
militar, siempre se ha usado el proceso de fisión ya que la fusión presenta un
escollo técnico que todavía no hemos sido capaces de superar y que consiste en
la elevadísima temperatura de más de cien millones de grados Celsius necesaria
para que se produzca la fusión de núcleos atómicos.
Así
que, sobre este eje solo hemos sido capaces de ver una cara, precisamente quizá
la más perniciosa, que es la de la fisión nuclear.
Si
pasamos ahora a analizar el segundo eje, que sería el dedicado al uso de la
energía nuclear, las dos caras de la misma moneda nos presentan escenarios muy
distintos.
El
uso civil nos permite soñar con tener energía casi ilimitada atendiendo al
altísimo rendimiento que puede obtener el proceso desde la materia prima
uranio.
|
Combustible |
Electricidad
obtenible (aprox.) |
|
1 kg de carbón |
2-3 kWh |
|
1 kg de petróleo |
4-5 kWh |
|
1 kg de gas natural |
6 kWh |
|
1 kg de U-235 |
≈ 7.500.000
kWh |
Este
es el aspecto que nos encandiló, que nos hizo abrazar esta fuente de energía
como la solución para todas nuestras necesidades obviando los potenciales
peligros que encierra.
Como,
por ejemplo, que la fisión de ese kilogramo de uranio va a generar casi un
kilogramo de residuos radiactivos de larga duración.
Y
qué hacemos con los residuos altamente peligrosos. Pues la solución hasta la
actualidad se ha parecido bastante a meterlos debajo de la alfombra, lo cual
los transforma en una espada de Damocles que quizá algún día cortará alguna que
otra cabeza. O, dicho de otro modo, no tenemos ni idea de qué hacer con esa
patata caliente que hemos creado y que representa un maravilloso ejemplo de
egoísmo generacional en el sentido de que los humanos actuales nos llevamos la
energía y ya vendrán los humanos del futuro a cargar con los residuos.
Hemos
resaltado hasta el momento la maravillosa ventaja de la energía nuclear en
cuanto a rendimiento en la producción de energía y, por otro lado, la
desventaja que hipoteca el futuro de la humanidad a través de unos residuos
radiactivos que no sabemos cuánto tiempo seremos capaces de mantener bajo
control. Pero existe otra desventaja escondida, casi inadvertida: el accidente
nuclear.
Las
centrales nucleares, como toda instalación humana, están sometidas a los
avatares del destino que incluyen guerras, terremotos, sunamis, negligencias,
etc… y todas estas causas tienen, en el caso de la energía nuclear, un efecto
devastador, de gran magnitud, de gran alcance. Gracias a Dios no se producen
con mucha frecuencia, pero el mecanismo malicioso duerme siempre ahí, muy cerca
de nosotros.
Si
pasamos al uso militar, casi nos quedamos sin palabras para describir lo que
supondría el uso de armas nucleares a gran escala. Tanto es así, que las bombas
nucleares, de momento, infunden su castigo por el simple hecho de tenerlas, es
decir, ni si quiera es necesario usarlas, su función en la confrontación es
simplemente atesorarlas. Y esto es así, porque de momento la humanidad entiende
que el apretar el botón nuclear equivale a apretar el botón de autodestrucción
del planeta.
Si
intentamos alcanzar una mirada más filosófica del asunto, tenemos una
civilización, la humana, que todavía no es capaz de garantizar el bienestar de
todos sus miembros, que todavía no conoce completamente, gracias a Dios, todos
los lugares del planeta, que sabe muy poco de las profundidades de los océanos
y que, por supuesto, no es capaz de migrar a otro planeta habitable más allá de
la Tierra, pero que tiene en sus manos la capacidad de la aniquilación de toda
la vida de nuestro planeta y casi diría el planeta entero. No nos hemos ganado
tener ese inmenso poder. Es como si a un niño le diéramos una ametralladora y
confiáramos en su buen criterio y en sus ganas de portarse bien como única
salvaguarda de una masacre más que posible.
¿Veis
ahora la superlativa inconsciencia en el hecho de que el destino haya puesto en
nuestras manos el secreto y el acceso a la energía nuclear en todas sus formas?
¿Notáis por fin como la senda por la que camina la humanidad se ha hecho tan
estrecha como el hilo del valiente funambulista que trabaja sin red? ¿Os dais
cuenta de cómo Damocles blande su espada demasiado cerca de nuestro cuello?
Yo
sí y, por esa razón, lo pondré en mayúsculas para que quede más claro, ¡ESTOY
TOTALMENTE EN CONTRA DE CUALQUIER USO DE LA ENERGÍA ATÓMICA!
Y
en consecuencia con mi criterio, pienso que deberíamos proceder a desmantelar
ABSOLUTAMENTE TODO lo que huela remotamente a uranio, plutonio o cualquiera de
esos venenos radiactivos. Si algún día alcanzamos la mayoría de edad, cosa que
dudo que suceda nunca, y tenemos el grado de madurez necesario para gestionar
algo tan peligroso como la energía nuclear, quizá se podría volver a hablar si
se le puede sacar algo de provecho al asunto atómico, pero desde luego que en
este siglo no va a ser.
Y
ahora, quizá algunos de vosotros me diréis: es muy fácil decirlo, pero cómo
vamos a cubrir nuestras necesidades energéticas cada vez más exigentes.
La
respuesta es que SÍ se puede.
En
2025, las centrales nucleares produjeron aproximadamente el 8,9 % de la
electricidad mundial. Esta es una cantidad importante, pero sobre todo estable.
Como el camino no es cerrar las nucleares para empezar a quemar carbón u otros
combustibles fósiles, el cambio, la famosa «transición energética», se tendría
que hacer poco a poco y no solo extendiendo las energías renovables sino
desarrollando sistemas de almacenamiento de energía. Ahí está el quid ganador
de las renovables, conseguir un suministro estable y continuo con sistemas de
almacenamiento y gestión de la energía.
Se
puede hacer, pero para eso necesitamos:
o
mucha más potencia solar y eólica de la estrictamente
equivalente;
o
baterías para equilibrar horas y días;
o
almacenamiento de larga duración para periodos
prolongados;
o
centrales hidroeléctricas de bombeo donde sean
posibles;
o
redes eléctricas e interconexiones continentales;
o
generación renovable gestionable, como hidroeléctrica,
geotérmica o cierta bioenergía;
o
sistemas de respuesta de la demanda;
o posiblemente hidrógeno u otros combustibles bajos en
carbono para situaciones excepcionales.
¿Cómo
lo veis? ¿Vale la pena el esfuerzo o la estulticia humana es tan grande que al
final la energía nuclear va a ser el último de los problemas por los que nos
vamos a ir al garete?

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