miércoles, 15 de abril de 2015

Señora de Monstruo (I)

En este post me gustaría hablar del papel de la mujer dentro del género de las películas de terror y más en concreto en aquellas que hay monstruo encerrado. Para ello, me voy a apoyar en la cartelería correspondiente ya que considero que los carteles de las películas resumen a las mil maravillas el espíritu que intenta transmitir la cinta.
Básicamente podemos distinguir 3 papeles principales, siendo el de víctima indefensa el más habitual.
Así, la mujer puede aparecer como novia o señora de monstruo mostrándose como una criatura un poco más refinada que su partenaire masculino pero igual de despiadada. El ejemplo clásico sería “La novia de Frankenstein”, película de 1935 en la que ella no se muestra especialmente receptiva con su tortolito enamorado.


“La novia de Frankenstein (1935)”



No se sabe muy bien como el galán Karloff lo consiguió al final pero en 1958, el nieto del Dr. Victor Frankenstein se ocupó de perpetuar la estirpe y construyó y reanimó a la hija de Frankestein.

“La hija de Frankenstein (1958)”



Incluso puede llegar a darse una cierta relación amorosa entre los monstruos de distinto sexo, lo cual nos haría pensar que la procreación de monstruitos ha estado más de una vez en la torcida imaginación de los guionistas. Al final, todo el mundo entiende que todo bicho viviente o… muerto (¿debería decir muriente?) tiene derecho a formar una familia y educar a sus hijos en el ambiente más propicio a su condición, que en el caso de los monstruos será necesariamente marginal. El ejemplo más claro de vida familiar monstruosa sería el encarnado por la “Familia Addams” que reúne en una sola familia el top 5 de los mitos monstruosos. 


El caso del conde Drácula había de ser distinto. Él, un refinado galán, muy discreto y caballeroso, se merecía todo un harem. Así, seguro que no se quedará sin propagar su estirpe y Dios (o el demonio…) le bendecirá con algún vástago que no se hará mucho de rogar. En este cartel de 1960, lo vemos orgulloso mostrando a su familia numerosa.

“Las novias de Drácula (1960)”



Aquí os presento a su hermosa descendencia en esta película de 1936.



Y por supuesto no podía faltar el varón como podemos ver en esta película estadounidense de 1943.

No me gustaría olvidar una verdadera relación amorosa como la protagonizada por King Kong y la bella señorita Ann Darrow. Los humanos no entienden que la llama del amor ha prendido en el interior del gran primate que incluso se deja matar por ella. El gran dios Kong cae por culpa de unas faldas mostrando que el amor es la fuerza más poderosa de la naturaleza (1933).

“King Kong (1933)”


Otro ejemplo de amor más allá de la muerte es el protagonizado por el Dr. Bill Cortner que no acepta la pérdida de su novia Jan Compton. Esta muere decapitada en un accidente automovilístico y el buen doctor decide recoger la cabeza y mantenerla viva en una bandeja llena de líquido, lo que nos indica con claridad donde se encuentra la esencia de la persona. Por supuesto, esto sólo es una solución temporal y pronto el doctor Cortner pasa a la fase dos, que consiste en dotar a su amada de un nuevo cuerpo. Cortner decide cometer asesinatos para obtener un cuerpo al cual adjuntar la cabeza de su prometida en contra de la voluntad de ella que sólo desea morir en paz. Finalmente, la benevolencia de la cabeza se impone a las ínfulas creadoras del doctor permitiendo que la muerte cobre su tributo.

“The brain that wouldn’t die (1962)”


jueves, 26 de marzo de 2015

Limited


Carl Sandburg (1878–1967).  Chicago Poems.  1916. Limited

I am riding on a limited express, one of the crack trains of the nation.   
Hurtling across the prairie into blue haze and dark airgo fifteen all-steel coaches holding a thousand people.          
(All the coaches shall be scrap and rust and all the men and women laughing in the diners and sleepers shall pass to ashes.)           
I ask a man in the smoker where he is going and he answers: “Omaha.”

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Voy en un limited express, uno de los mejores trenes del país.
A toda velocidad por la llanura al corazón de la neblina azul y la negrura
van quince vagones todos de acero con un millar de pasajeros dentro.
(Todos los vagones serán chatarra y herrumbre y todos los hombres
y mujeres que ríen en el coche restaurante se convertirán en cenizas).
Pregunto a un hombre del vagón de fumadores adónde se dirige y él
responde: “A Omaha”

Su padre era ferroviario cuando los trenes todavía funcionaban a vapor. Carl Sandburg nos regala esta afilada reflexión sobre el destino de las cosas y las personas, y la ilusión de la vida.

Así vivimos la vida la mayoría de la gente, creyendo que vamos a Omaha.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Las edades de Lulú


A la puerta de mi habitación los enfermeros dirimían sobre la distribución de la cena.
Me di cuenta de que la vertiente filosófica de su mundana conversación era de hecho mucho más profunda y suponía una radiografía de las edades del hombre. En un hospital todo te pone en tu sitio, hasta la comida.
Habitación 48 – BASE
Habitación 50 – FIBRA
Habitación 52 – BAJA EN SAL
Habitación 54 – PURÉ

Por cierto, la mía era la 50.

Un hipocondriaco en el hospital


¿Qué es un hospital para un hipocondríaco? Pues esencialmente es un gran catálogo de enfermedades y amenazantes dolencias a disposición del auto asustado sujeto.
Y es que, en un hospital siempre hay alguien peor que tú, mostrándote en carne viva la senda de un posible empeoramiento.
Lo primero que sientes en un hospital es que ya no eres una persona sino un paciente que lo mejor que puede hacer es callar y sufrir. Se te administran toda clase de tratamientos y sólo de vez en cuando (desde el punto de vista de un hipocondríaco) alguna enfermera caritativa te pregunta cómo estás. En esta tesitura, o debería decir trance, el cerebro hipocondríaco empieza a cocer a fuego lento las peores amenazas hasta que se  hace audible un silbido como el de las ollas a presión o las teteras que se calientan al fuego. Este refrito empieza a brotar en forma de espumarajos por la boca, en un ahogado balbuceo de improperios e hipótesis médicas a medio tejer. La verborrea sanitario-apocalíptica suele cesar cuando aparece el médico por la habitación, momento en que el hipocondríaco se debate entre preguntar al médico todas sus dudas o esconder la cabeza bajo el ala, por aquello de que es mejor no saber. El bálsamo ocasionado por la presencia del médico suele durar poco, especialmente si hay algún cambio en las constantes vitales.
Por mucho que intentes hacerte el descuidado cuando te toman la tensión, o miran la fiebre, antes o después aparece la máxima del hipocondríaco, según la cual “TODO PARÁMETRO MEDIBLE ES SUSCEPTIBLE DE IR A PEOR”. Esto me pasó con la fiebre que acabé tomándome compulsivamente cada hora y con la tensión, que se me metió en la cabeza que era demasiado baja. Recuerdo un día que me tomaron el nivel de glucosa en sangre y dijeron “82, bien”. Menos mal que no volvieron a tomármelo porque una vez con el punto de corte en mis manos cualquier desviación sustancial hacia arriba o hacia abajo hubiera sido considerada como el signo inequívoco del acercamiento de la Parca.
Un hipocondríaco debería tener pautado el ocultamiento eficaz de sus signos y constantes vitales para evitar caer en los vórtices numéricos de la preocupación. Diríamos en este caso, que el efecto placebo, o mentira piadosa tiene un potentísimo efecto terapéutico que los médicos no deberían desdeñar. Cuando mi médico se sentía acosado por mis preguntas, yo llegué a espetarle, “una palabra tuya bastará para sanarme”. ¡El verbo hecho medicina!
Haciendo un poco de auto crítica, creo que el hipocondríaco considera su cuerpo como algo que le puede joder la vida de un momento a otro, la clásica desconexión cuerpo-mente. De pequeño, yo lo era mucho pero creo que mi hipocondría se va curando con el paso de los años, claro síntoma de aceptación integral.

viernes, 6 de marzo de 2015

El hombre antinatural


¿Habéis oído alguna vez los sonidos que emite un cerdo al ser sacrificado?
Si nos preguntamos acerca del origen del hombre civilizado, casi todos lo situaríamos hace aproximadamente unos 10.000 años, allá por el periodo neolítico. Justo en ese ya lejano tiempo, y a la vez corto en términos de historia natural, se produjo un punto de inflexión en el desarrollo de la humanidad. El hombre pasó de ser cazador, pescador y recolector a productor. Pasó de ser nómada, siempre en busca de nuevos territorios y nuevos recursos, a ser sedentario estableciéndose en un lugar fijo. Esta voltereta evolutiva fue acompañada del descubrimiento de la agricultura y la ganadería que permitieron alejar un poco más allá la premura por cubrir las necesidades básicas desde las próximas horas hasta los próximos meses.
Hasta aquí todo parece tener un sentido bondadoso, somos la especie más inteligente del planeta, tenemos unas necesidades para asegurar nuestra propia supervivencia y por tanto, parece normal que aprovechemos todos los recursos a nuestro alcance con ese fin.
Sin embargo, si cambiamos nuestro punto de vista, y empatizamos un poco con nuestro entorno y con los otros seres vivos que habitan el planeta, nos encontramos rasgos en nuestro comportamiento que no son precisamente bondadosos.
Cómo podríamos explicar lo que pasó en el neolítico con otras palabras que desvelen más claramente nuestras intenciones y la cualidad de nuestros actos. Haré un intento en pos de desenmascarar a un villano.
Lo que hicimos en el neolítico fue transformar la Naturaleza en un bien de consumo, es decir, pasó de ser nuestra madre a ser nuestra sirvienta. Con el advenimiento de la agricultura y la ganadería dejamos de considerar a los demás seres vivos como iguales a nosotros y pasamos a sentirnos superiores, dioses propietarios de la madre Tierra que nos había dado la vida. Hay un agravio muy hondo en esta forma de actuar del hombre que lo reduce todo al sentido de propiedad material. La Naturaleza es desde entonces un bien material que se puede poseer y con el que se puede comerciar. A ningún nómada se le hubiera ocurrido vender un trozo de desierto a otra persona pero nuestra civilización, y nuestra economía, está basada precisamente en eso, en la propiedad material de los recursos naturales.
De esta manera, hemos convertido la vida y la muerte en algo industrial ya ni siquiera regido por las necesidades reales de alimentarse sino más bien gobernadas por las banalidades de la economía de mercado. El planeta Tierra, con todo incluido, es decir, mares, bosques, montañas, animales, plantas, cielos, etc… es un gran mercado, todo se puede vender o comprar.
La sensación de culpabilidad fue tan grande que en aquel mismo punto del tiempo neolítico fue necesario inventar la religión para poder expiar nuestros pecados y administrarnos la penitencia en pequeñas dosis. La religión también intentó, con mayor o menor acierto, poner cierto freno al ramalazo depredador que surgió en el neolítico porque desde la nueva posición del hombre, se podía vislumbrar cual sería el siguiente paso en aquella osadía, “por qué no considerar al propio hombre como un bien de consumo con el que se puede comerciar”. Es decir, por qué no diferenciar varias categorías de hombres, unos serían amos y señores y otros serían hombres-objeto, es decir, esclavos.
Así que desde entonces, jugamos a ser dios y nos hemos empecinado soberanamente en automarginarnos y autoexcluirnos de la Naturaleza que nos creó y que nos sigue rodeando. La concepción del hombre moderno se basa en considerarse a sí mismo como un ser externo al medio natural, por un  lado está el hombre y por el otro la Naturaleza que intentamos dominar, y así nos va.

Terminaré diciendo que a pesar de tanto vilipendio, aún hoy día, la Naturaleza nos recuerda de vez en cuando que no somos más que un animalillo asustado, exactamente igual que un corderito antes de ser sacrificado.

viernes, 13 de febrero de 2015

domingo, 1 de febrero de 2015

Carácter Latino


El 2015 va a ser un año importante dentro de nuestra historia reciente porque la cantidad de decisiones políticas que acumula es notable, empezando por las elecciones generales de Grecia que han sido este domingo 25 de Enero. Vamos a tener que pronunciarnos y definir nuestro futuro irremisiblemente, así que procuro ir despertando de mi letargo político para poder formar parte de la fiesta.
Centrándonos en Catalunya, deberemos discernir entre dos ejes principales que son el eje social y el eje identitario. A muchos catalanes se les ha vendido que si  somos independientes podremos resolver nuestros problemas económicos pero otros, sin embargo, están exclusivamente preocupados en llegar a fin de mes con lo que son más receptivos a discursos como el de “Podemos”.
Por otro lado, el proceso soberanista ha quedado en manos de adversarios políticos como son Convergencia – Unió y Esquerra Republicana, y esto representa una fuente constante de desaguisados políticos, ya que los catalanes, al igual que los españoles, son un ejemplo de desafección a lo común y anteposición de lo individual a la hora de ponerse de acuerdo. En este caso, delante de un reto tan importante como la independencia de Catalunya han sido incapaces de ponerse de acuerdo, dejando a un lado los intereses particulares y haciendo un frente común. Artur Mas debería haber tenido en cuenta este carácter desafecto antes de embarcarse en la travesía actual, y debería haber dimitido cuando en las elecciones de 2012 perdió escaños en el parlamento catalán. Sólo con una mayoría absoluta se puede abordar un proceso como la independencia donde es necesario tomar muchas decisiones en poco tiempo. Mas, por el contrario, está abocado a los vaivenes del carácter latino, que también florece entre los catalanes, cada uno tirando en su dirección con una visión partidista muy corta de miras. Los partidos catalanes son incapaces de aparcar, al menos durante un tiempo, sus intereses particulares para centrarse en un proyecto común más importante, y por tanto, creo que no están a la altura del reto que tienen delante.
Pero volvamos al carácter latino y a lo que yo englobo dentro de esta forma de ser. Para mi, el carácter latino está representado por la inexistencia de un código de valores común al cual adherirse, lo cual provoca una gran desafección por lo común, por lo público, y en contrapartida, un gran individualismo. La fragmentación de los puntos de vista debilita cualquier empresa de envergadura que requiera del consenso general. Así, en el caso de Grecia, el peor resultado de las elecciones hubiera sido un arco parlamentario fragmentado que hubiera impedido incluso la formación de un nuevo gobierno. Siempre que se tiene delante un reto importante, es necesaria una voz única, equivocada o no, para abordarlo con decisión y no perderse en discusiones. Hay que evitar la mal entendida pluralidad en forma de muchos pequeños corpúsculos partidistas para así, poner en vereda al carácter latino y permitir el avance en una dirección única.
Mucho me temo que en este 2015 daremos en España toda una sinfonía de pluralidad, división de planteamientos y esencia variopinta, lo cual acabará por hacer que nadie nos tome en cuenta y sigamos sin saber si vamos o venimos.

¿Cómo cambian los latinos a sus regímenes de gobierno? ¿Cómo lo han hecho a lo largo de la historia? Parece que para congregar la masa crítica necesaria para un gran cambio político-social es necesario que suceda un hecho dramático que aglutine, normalmente de forma visceral que es lo opuesto a lo racional, a un gran número de ciudadanos. Sólo entonces la fuerza de la gravedad es suficientemente fuerte como para aplanar la efervescencia divergente natural de los latinos y condensar toda la fuerza en una plataforma o poso capaz de cambiar las cosas. El mecanismo de la inacción de carácter reaccionario, está funcionando ahora a las mil maravillas, con un PP en el gobierno que ni siquiera oye que pasa algo raro en Catalunya. Sentarse a negociar sería emplear la razón y tratar de convencerse con  razones, cosa que no está en los usos y costumbres de los latinos, así que, quizá tengamos que esperar unos años más a que se produzca ese hecho dramático que sacudirá al país con una gran oleada social capaz de cambiar las cosas.